Hola niños. Hace muchísimo tiempo que no os escribo. No os imagináis lo liado que he andado últimamente. Si, ya sé que siempre uso la misma excusa, pero es que cuando crees que tu vida ya es intensa viviendo fuera, teniendo un trabajo exigente y disfrutando de ir conociendo a la persona que quieres… pues en ese instante los planetas se alinean y te mudas a otro país, a uno en el que ni si quiera hablas el idioma local; pasas a tener un trabajo aún más exigente con el que no paras de viajar y, por si fuese poco, organizas tu boda mientras todo eso sucede y desde más de 1.000km de distancia.
Si niños, me he casado. En concreto el sábado pasado y ahora os escribo sobrevolando el golfo pérsico y camino a mi luna de miel. Obviamente voy con Bárbara, mi mujer (me está encantando acostumbrarme a decirlo), que es con quien llevo disfrutando cada minuto desde que la conocí hace algo más de tres años. Y voy feliz, muchísimo: seguramente más de lo que nunca había estado hasta ahora.
Estoy tan feliz porque la boda fue perfecta: lo pasé muy bien, lloré, reí, bailé, chillé incluso volé un par de veces cuando mis amigos me mantearon. Pero sobre todo sentí: sentí muchísimas cosas y todas buenas. No me sentí demasiado nervioso, pese a que creo que absolutamente todo el mundo con el que hablé me preguntó si lo estaba; sí que me sentí agradecido, por todas esas personas que vinieron a acompañarnos el pasado sábado. También por aquellos que se esforzaron, haciendo su trabajo, porque nuestra boda saliera como la habíamos imaginado. Sentí nostalgia, por esa vida de niño o adolescente que ya queda atrás para dejar paso a una vida totalmente adulta: ¡acabo de formar mi propia familia! Sentí responsabilidad por ello y porque mi promesa no solo se mantiene sino que se refuerza: quiero pasar el resto de mi vida asegurándome de que Bárbara es feliz y de que yo lo soy con ella. Y como no, sentí alegría. No puedo describiros lo bonito que es ver en una misma sala a toda la gente que quieres, contigo. Todos demostrándote su amor y su cariño, diciéndote estando allí que te quieren y que te desean lo mejor para el resto de tu vida. Me sentía un auténtico privilegiado cuando levantaba la vista y les veía a todos conmigo.
No sé lo que nos deparará el futuro, por ahora espero que dos semanas de relax y descanso porque de verdad nos hacen falta. Que paliza llevamos encima… aunque ha merecido del todo la pena.
Después, ya veremos. Me gustaría poder seguir disfrutando de momentos bonitos con toda esa gente que estuvo el sábado con nosotros; será un reto hacerlo en la distancia pero estoy seguro de que con nuestro esfuerzo (y el suyo) lo lograremos. Quiero también seguir creciendo, aprendiendo, descubriendo y ser capaz cada día de lograr nuevas metas y todo eso, absolutamente todo lo que esté por venir y por vivir quiero hacerlo junto a la persona que adoro y sin la que todo esto no habría ocurrido. Quiero estar siempre con Bárbara. Y preparaos niños, porque esto es solo el principio: os voy a recordar cada vez que tenga ocasión lo preciosa y radiante que estaba vuestra madre el día que me casé con ella.
