lunes, 13 de febrero de 2012

Feliz San Valentín!

Niños… hoy es 14 de Febrero del año 2012. Es San Valentín. Y es una mierda.

Veréis, desde que soy pequeño este día siempre ha sido un desastre. Cuando estaba en el colegio, me enamoraba locamente cada 5 minutos, aproximadamente. Y yo, siendo un romántico empedernido, no tenía otra cosa mejor que hacer que escribirles cartas de amor a las niñas de mi clase. Primer aprendizaje: ponle el corazón en la mano a una chica… y lo destrozará como si fuera su juguete.

Después, algo más mayor, pasé unos cuantos días de San Valentín en pareja… tampoco fue mucho mejor. Especialmente si resulta que te da por empezar la relación un 13 de Febrero. Porque claro… es muy fácil decir que no vas a celebrar San Valentín… ¿pero tampoco celebrar tu aniversario? Eso ya es mucho pedir. Así que, cada año, tocó sufrir sus consecuencias. ¿Qué quieres comprar rosas? Al triple de precio. ¿Qué vas a ir a cenar? Todo lleno. Vamos, un gustazo de día.

Hace un par de años la cosa no fue tan mal. Y no lo fue porque, por suerte, me pasé el día de San Valentín durmiendo en un avión rumbo a Madrid procedente de Cancún, Méjico. Y lo más amoroso que sufrí fueron unos globitos con forma de corazones decorando el restaurante del hotel mientras desayunábamos. Lo cierto es que aquél San Valentín sí que mereció la pena: dos de mis mejores amigos se decidieron a darle una oportunidad al amor allí mismo, unos días antes. Aún están juntos, y lo que les queda… Y yo que me alegro. De esos días también guardo algunos otros recuerdos: como estuve a punto de morir gracias a una insolación mezclada con la mayor borrachera de mi vida y un doctor mejicano tuvo que salvarme pinchándome dos inyecciones en el culo. O de cómo volví a temer por mi vida, esta vez por hacer caso a un amigo al que le dio por visitar un club de striptease y ponerse a ofender a las señoritas que allí trabajaban, mientras los gánster de la puerta nos miraban con cara de pocos amigos. Mejor no preguntéis que narices hacía yo allí…

En fin, que San Valentín cuanto más lejos mejor…. Y es que, si no te vas lo suficientemente lejos, corres el riesgo de que te atrapen sus moñadas. El año pasado, sin ir más lejos, estaba viviendo en Londres. A las 9 de la mañana, como cada día, llego a mi mesa en la oficina y me suena el teléfono. Me llaman de recepción: al parecer tienen un paquete muy urgente que debe entregase en mano. Raro. Sobre todo porque el correo lo entregaban unos hombrecillos muy majos directamente en nuestras mesas. Bajo a la entrada y, al llegar, las dos chicas de la recepción me miran sonrientes y felices, así como miran las madres a los bebés antes de cogerles los mofletes y exclamar “si es que está pa’ comérselo”. El caso es que, cuando llego, me hacen entrega de una caja llena de muffins rosas y morados con corazones de caramelo por encima. Todo ello envuelto con un enorme lazo rojo y una nota que dice “Felíz día de San Valentín”. Si eso de por sí no hubiese sido ya suficientemente vergonzante… me toca volver a subir a mi quinta planta rodeado de gente en el ascensor. Normalmente los ingleses no te dan ni los buenos días… pero ese día todo el mundo parecía querer comentar la jugada “oohhh, it’s so cute”, “it’s looks like someone’s loves you a lot, ah? (traducir por cualquier ñoñería que se os ocurra). Para colmo de recochineo, me sentaba rodeado de secretarias. Imaginaos el corrillo que se formó cuando llegué a mi sitio. Al final, tras abrir la dichosa cajita, resultó que solo era la forma un tanto original que tenía una agencia de publicidad de hacerme la pelota. En menos de un mes, les había despedido. Por graciosos.

Y he aquí un San Valentín más… esta vez no he podido escaparme. Craso error. San Valentín ha vuelto a demostrarme que solo hay una persona que se lo merezca todo, que no me falle nunca, de la que puedo fiarme siempre y a la que puedo darle todo el amor que tengo sin miedo a que me rompa el corazón. Mamá: te quiero.








domingo, 12 de febrero de 2012

"Haz fácil lo difícil y elegante lo fácil"

¿Os habéis fijado que “elegante” e “inteligente o avispado” se traducen al inglés con la misma palabra? Smart. Y es que, aunque pueda no parecerlo, en el fondo ambas palabras están directamente relacionadas.

Veréis, en mí día a día intento hacer las cosas lo más fáciles y eficientes posibles: no me gusta perder tiempo. Vuestra abuela ya se ha dado cuenta de que, casualmente, siempre la llamo en el camino del trabajo a casa, desde el coche, y nunca desde casa. ¿Por qué? Porque así puedo hacer dos cosas a la vez y ahorrar un precioso tiempo para hacer cualquier otra cosa una vez que llegue. Normalmente nada de provecho :-)

Lo mejor de estas situaciones es cuando, además de ser eficiente, consigues quedar bien. Mi eficiencia favorita es la del ascensor: qué bonito el gesto de dejar pasar al ascensor a otros que llegaron a esperarlo más tarde que tú: les dejas pasar y te sonríen pensando… “que majo”. ¿Os habéis parado a pensar que el último que entra en un ascensor es, normalmente, el primero que sale? Pues este es un ejemplo de cómo hacer elegante aquello que es fácil. Y, además, sirve para explicar el método LIFO de contabilidad de stocks ;-)



Está claro que hacer elegante lo que es fácil resulta reconfortante y hasta divertido. Ahora bien, quizás sea más complicado cumplir con la otra parte de la frase: hacer fácil lo difícil. Para mí, esto es lo que distingue a los “cracks” de la gente normal: son capaces de manejar la presión en las situaciones más complicadas. Fijaros en los jefes: hay algunos, normalmente bastante mediocres e inseguros, que cuando reciben presión de sus propios jefes reaccionan transmitiendo e incluso amplificando dicha presión a sus equipos. ¿Sus jefes les piden 10 en 3 semanas? Ellos exigen 15 en 2 semanas. Error. Los grandes jefes, normalmente mucho más seguros de sí mismos, suelen ser conscientes de que al final ellos son, en gran medida, la suma de los esfuerzos de las personas que tienen a su cargo. Por tanto, intentan minimizar el impacto de la presión que reciben para motivar a sus equipos y sacar lo mejor que tienen dentro.

Hace unos días me contaba una amiga una situación que ejemplifica este problema: durante un vuelo, el avión en el que viajaba mi amiga fue alcanzado por un rayo. Esto provocó una fuerte sacudida, que se apagasen las luces del avión y que este tuviese que regresar todo el camino al aeropuerto de origen. La situación era muy tensa y el pasaje estaba lógicamente muy asustado. El  capitán, en lugar de manejar la información, decidió compartirla con todo el pasaje: vino a decir algo así como “estamos jodidos”. Y yo me pregunto ¿qué consigues con eso, melón? Pues desde luego nada bueno: el pasaje y la tripulación se volvieron histéricos haciendo la situación aún peor.

Así que espero no seáis como esas chicas que dicen no cuando quieren decir sí, o que esperan a que tu digas lo que quieren que digas en lugar de decirte claramente lo que quieren.

Be Smart.