lunes, 31 de diciembre de 2012

2013: el año de la serpiente


Niños, ya casi le hemos dado la vuelta al calendario desde que empecé a escribiros. La verdad es que este año 2012 que hoy se termina ha sido muy completo: cambio de trabajo, de ciudad, nueva gente en mi vida, muchos viajes e historias interesantes. Pero todo eso ya os lo he ido contando, así que mejor que volver a hablar de lo pasado vamos a jugar a las predicciones sobre lo que vendrá en 2013.

Si 2012 comenzaba con la teoría Maya del fin del mundo, dada su escasa fiabilidad, este año vamos a fiarnos más de los chinos. Por cierto niños: para vosotros será normal que China domine el mundo… pero para nosotros esta época es seguramente el punto de inflexión. Venimos acostumbrados a que Estados Unidos sea “el jefe” del mundo pero poco a poco nos vamos dando cuenta de que serán los Chinos los que dirijan el cotarro próximamente.

El caso es que si hacemos caso a los chinos y, en particular, a su horóscopo, este será el año de la serpiente. Por resumir, los años de la serpiente suelen ser años muy complicados en los que ocurren cosas bastante trascendentes: el ataque a las torres gemelas de Nueva York, la caída del mundo de Berlín, la revolución rusa, etc. Así que veremos que nos depara 2013; esperemos que si ha de ocurrir algún acontecimiento histórico sea uno que marque un punto de inflexión a esta tendencia negativa que arrastramos desde 2008 y se empiece a vislumbrar un período de recuperación mundial.



No obstante, el mundo es muy grande así que centrémonos en lo más cercano. Yo para 2013 tengo ya algunos planes: por lo pronto, espero mantener la ciudad donde vivo y el trabajo, cosa que no hago desde 2009 y ya toca. Eso sí, uno de los primeros cambios será el de casa: el objetivo es encontrar guarida nueva en Dublín antes de Abril.

Además de eso, están los clásicos propósitos de año nuevo: estos propósitos tienen origen en la época de Babilonia en la cual sus ciudadanos le prometían a Dios a comienzos de año que devolverían aquellos objetos que tenían prestados y saldarían sus deudas. Más tarde, los romanos hacían sus promesas al Dios Jano, quien da nombre al mes de Enero en ingles (Janus – January). Por último, en la época medieval, los caballeros realizaban sus “votos del pavo real”: posaban sus manos sobre un pavo real y reafirmaban su compromiso con la caballería.

Hoy en día, se estima que un 40% de los norteamericanos realizan sus propósitos de fin de año y que solamente un 12% tienen éxito. Entre las más populares, están las de pasar más tiempo con la familia y los amigos, ponerse en forma, dejar de fumar o aprender algo nuevo. Yo este año me pongo metas bastante sencillas: quiero correr, ser capaz de hacer 10km corriendo de forma habitual y en no mucho más de 50 minutos. Eso implica que tengo que ser capaz de salir a correr o realizar alguna otra actividad deportiva un mínimo de 3 veces a la semana. En teoría no debería ser muy difícil, pero encontrar el tiempo y las ganas para hacerlo siempre me ha supuesto un reto complicado.

Por otro lado, este parece un buen año para aprender algo nuevo. No tengo muy claro el qué, pero tras haber aprendido un montón de cosas nuevas en 2012 a costa del trabajo igual este es el año de aprender algo por gusto: ¿edición de vídeo? ¿coctelería? Aún no lo tengo muy claro, pero algo encontraremos. Lo que sí que me propongo en 2013, ese seguir pasando por aquí habitualmente para contároslo. ¡Feliz 2013!

sábado, 22 de diciembre de 2012

¡Viva el camarero español!


Niños, cómo habréis deducido rápidamente, el mundo no se acabó ayer cómo estaba previsto. De eso me alegro, aún tenía unas cuantas cosas pendientes por hacer, entre ellas conoceros. Pero la verdad es que fue un poco decepcionante: últimamente nada sale en el mundo según estaba previsto.

A punto de terminar 2012, la verdad es que el mundo está hecho un asco: los países desarrollados siguen pagando una crisis financiera que comenzó en 2008 y que provocó que decisiones que tomasen unos pocos para saciar su ambición de riquezas las estemos aún hoy pagando entre todos. Y lo que nos queda.


En España nos ha tocado una de las peores partes. Aquí somos los primeros en apuntarnos a la alegría. No hace ni cinco años que los albañiles se movían en BMW, se compraban chalets y llevaban a los niños a colegios de pago. Es más, no eran albañiles, eran jefes. Más que nada, porque tenían a una cuadrilla de latinoamericanos dispuestos a hacer el trabajo duro por cuatro perras. Queríamos vivir cómo ricos, sin esfuerzo. Claro, aquello no era sostenible.

El problema es que de aquellos barros vienen estos lodos: a día de hoy el gobierno no hace más que recortar y recortar la inversión pública para ver si así nos rebajan la dichosa prima de riesgo y que así, resulte más barato pedir dinero prestado a los mercados para tapar los agujeros que nos han creado bancos  y políticos corruptos, maliciosos y además bastante zoquetes. Y nosotros pagando y sufriendo las consecuencias.

La cosa está verdaderamente fastidiada: 1 de cada 4 personas dispuestas a trabajar está en el paro. Los universitarios preparados prefieren irse fuera a buscarse la vida y en lugar de seguir recibiendo a latinoamericanos que vienen aquí a trabajar,  somos nosotros los que nos empezamos a ir a Latinoamérica en busca de empleo.

Cuando te comparas con el resto de países, y ves que nuestra situación es peor que la de la mayoría, piensas ¿seremos más tontos? ¿Seremos peores? Pues  hombre; igual el famoso carácter latino no ayuda a ser los más productivos del mundo; además esa pillería inherente al español implica que los repartos de ayudas, becas, etc. Terminen siempre siendo injustos y llegando a quienes no lo merecen. Pero lo cierto es que no somos más tontos que los demás: simplemente estamos pagando aún retrasos de los tiempos de la dictadura y los errores de gobiernos que no supieron manejar la época de vacas gordas y asegurar un crecimiento sostenible. ¿No os lo creéis? Pues os pondré un ejemplo: el camarero español es el mejor del mundo, con diferencia.

Veréis, habiendo ya dado algunas vueltas por el mundo y teniendo tendencia a probar barras de bar allá por dónde paso, puedo asegurar que no hay otro camarero igual de capaz que el camarero español. Pero ojo, no hablo del modernillo repeinado que pone copas en la discoteca de moda; ni tampoco del “nini” al que su padre le ha dejado de dar la paga y se gana unos euros sirviendo en el Vips. Hablo del camarero de profesión, el de toda  la vida. El del restaurante El Ñeru o el bar La campana.

Ese que desmitifica aquello de que los hombres solo podemos hacer una cosa a la vez: este te atiende con celeridad, te toma nota mientras sirve a otros clientes, te hace un chascarrillo, te vende la carta y lo que no está en la carta y todo eso mientras lleva una contabilidad precisa de todas las cuentas abiertas que hay en la barra, que está a reventar.

En Inglaterra o en Irlanda,  por poner un ejemplo, no tienen ni puta idea (con perdón). Te atienden de uno en uno, no les  pidas más de 3 o 4 bebidas de una vez que se atoran; mientras la Guinness reposa por supuesto no son capaces de ir tomando otra orden y, además, te cobran en el momento porque si no se les olvida qué y cuanto tienes que pagarles.

El camarero español no hablará inglés; seguramente no habrá salido de España en su vida y vagamente sepa utilizar Internet  Pero eso sí, atiende a sus clientes cómo en otros sitios no sabrán hacerlo en la vida.

Así que la cosa está fea, por ahora vamos “palmando”, pero igual si en vez de darle tantas vueltas a todo aquello que nos va mal nos centramos en hacer bien lo que mejor sabemos hacer (turismo, hostelería, agricultura, alimentos de buena calidad, ciencia, etc.) estoy convencido de que pronto podremos estar a la altura de todos los demás.

Espero ir contándooslo. 


"Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su capacidad para escalar a un árbol,  vivirá toda su vida creyendo que es estúpido" Albert Einstein.

domingo, 16 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!


Niños, hace demasiado tiempo que no os escribo. No penséis que no ya no pienso en vosotros, que va. Simplemente es que he estado muy ocupado últimamente.

En estos meses en que no os escrito he estado enfocado en una cosa: disfrutar de la vida. No os he escrito lo que debería, tampoco he hecho mucho deporte y quizá he llamado a casa menos veces de las que tendría que haberlo hecho. Pero la verdad es que no me arrepiento, ya que he hecho lo que de verdad me apetecía.

Desde la última vez que os escribí, he estado disfrutando de cada día: domingos de brunch, noches de cena en casa viendo una peli, fiestas con amigos o tardes de tiendas y cine. Cómo veis, nada destacable. Pero, a la vez, estos han sido algunos de los mejores meses de mi vida. Supongo que la clave ha sido la compañía.

Además, he hecho algún que otro viaje: unos días espectaculares en Rosas este verano (¡qué lejos quedan ya!) disfrutando de un Mini descapotable y una increíble excursión alrededor del Cabo de Creus en moto de agua. Además, vuestros abuelos estuvieron en Irlanda y nos dedicamos a recorrer el oeste de la isla con algún que otro percance por el camino. Ahora el abuelo y yo somos expertos en cambiar ruedas.

Ya en Octubre, llegaron dos viajes más: un fin de semana muy divertido en Port Aventura y un puente pasado por agua recorriendo Donegal, el condado más al norte de Irlanda. Desde entonces, no he viajado más que por trabajo, pero aún así he escalado montañas con mis compañeros, que aunque cómo guías no se vayan a ganar la vida, son unos cracs  También me he disfrazado de punkie, he recibido clases de cocina y hasta he probado el Bikram yoga. Vamos, que cómo veis no he parado un minuto y los he disfrutado todos.

Si os acordáis, en mi primera entrada de este blog, Feliz Día de Reyes os contaba que según los Mayas el mundo se acabaría el próximo 21 de diciembre. O sea, este próximo viernes. Cómo ya os conté, no le doy mucha credibilidad a la teoría, pero aún así me pregunto ¿y sí se acaba el mundo?
Pues sí se acaba el mundo qué vamos a hacerle. Pero, de ser así, la verdad es que no puedo quejarme ya que sería terminar “en todo lo alto”. Sin lugar a dudas, este 2012 ha sido el mejor año de mi vida. Pero si no se acaba, cómo espero que así sea, la verdad es que estoy deseando hincarle el diente al próximo año. Me esperan viajes, retos, novedades y, sobre todo, un puñado de gente alrededor con la que merecerá la pena cada día.

Pero, antes de eso, aún falta ponerle la guinda del pastel a este 2012: el próximo miércoles empiezo unas largas y merecidas vacaciones en las que espero disfrutar de la navidad en Madrid. Tiempo de reencuentros con la familia y los amigos, a los que echo mucho de menos, y encima, con la gran suerte, de tener muy cerquita lo que más quiero. Así que, a disfrutarlo. 

¡Feliz Navidad!