viernes, 27 de abril de 2012

De aquí a tres años


Niños, como sabéis este blog se inspira de alguna forma en la serie “Cómo conocí a vuestra madre”. Soy un gran fan de la serie desde hace años y, aunque su nivel va bajando, aún me sigue gustando. De hecho, acabo de ver uno de sus últimos capítulos, llamado “Trilogy Time”. En el, los personajes de la serie, se reúnen cada tres años a ver la trilogía de la Guerra de las Galaxias y a tratar de adivinar cómo será su vida dentro de tres años.



En las empresas, es muy normal que en los planes de desarrollo personal nos pidan rellenar un apartado de aspiraciones en el que tratemos de describir hacia donde nos encaminamos en el medio o largo plazo. Pero lo cierto es que no siempre encuentra uno el momento para pensar cómo espera que sea su vida dentro de tres años. Así que yo, aprovechando a que tengo a mis padres durmiendo y que estoy disfrutando de mi recién estrenado sofá, voy a tratar de jugar a futurólogo.



Ya os he contado que acabo de empezar una nueva etapa personal y profesional con Google en Dublín; espero que en tres años desde ahora siga trabajando en la misma empresa y tan feliz y contento como estoy ahora. Sin embargo, no tengo tan claro que siga viviendo en Dublín. Estoy seguro de que podré ser feliz aquí, pero no crea que este sea el sitio donde hacer mi vida para siempre. Si en tres años sigo en esta isla, seguro que estaré pensando en dar un nuevo salto.

¿dónde quiero estar entonces? Lo cierto es que no lo sé. Siempre me ha atraído Estados Unidos; me gustan la idea de explorar otros continentes como Sudamérica o Asía, pero lo cierto es que volver a casa tampoco sería una mala idea. Por mucho que uno pueda adaptarse al mundo, es cierto que he crecido bajo un entorno en el que me siento especialmente cómodo, así que no me importaría volver a casa en algún momento.

La siguiente pregunta, por tanto, es el cuándo; cuándo volver a casa. Sin embargo, la respuesta depende de otra pregunta para mí más importante: ¿con quién?. Tengo claro que aún soy muy joven, y por tanto, no pienso limitarme y perderme las oportunidades que el mundo me ofrezca. Pero lo cierto es que el tiempo va pasando y, en tres años, tendré 30. Dado que siempre he querido formar una familia (de lo contrario no tendría sentido que os escribiese) puede que entonces sea el momento de empezar a pensar en ello.

Dicho esto, tengo que volver a la pregunta clave: ¿con quién? ¿con quien emprender esa aventura de formar una familia? Pues es una pregunta de difícil respuesta. Al menos, según va pasando el tiempo, voy teniendo cada vez más cosas claras. Con el tiempo voy aprendiendo a ver con nitidez qué es lo que quiero y también lo que no quiero.

Quiero que vuestra madre sea una mujer valiente, decidida, sin miedo a comerse el mundo cuando la oportunidad se le presente. Quiero que me quiera como soy, sin necesidad de esconder mi lado más estúpido o espontáneo. Es un requisito obligatorio que le guste viajar y que tenga una actitud positiva ante la vida: tengo comprobado que a la gente que tiende a ver el vaso medio vacío se le termina vaciando. Me gustaría que fuese cariñosa, romántica y poco materialista, además de inteligente. Pero, sobre todo, vuestra madre ha de ser una persona a la que admire profundamente y me haga sentir orgulloso de poder compartir con ella mi vida.

Claro, cómo ya os conté anteriormente (http://comovoyaconoceravuestramadre.blogspot.com/2012/01/limon-o-ciruela.html) no resulta nada sencillo encontrar todo lo que pido. De hecho, a veces me pregunto si pido demasiado. Además, la cosa se complica aún más cuando introducimos el factor tiempo y las circustancias en la búsqueda. ¿encontrar una mujer así, a la que yo le guste, y con todas las circunstancias a favor? Llamadme iluso, o incluso llamadme Ted Mosby, pero nadie va a robarme la ilusión de que eso suceda en los próximos tres años. Deseadme suerte.


miércoles, 11 de abril de 2012

Acelerón... y frenazo en seco!!

Niños: espero que, como a mí, os encante jugar al basket. De hecho espero que seáis bastante mejores que yo haciéndolo. Pero, por favor, no juguéis nunca con zapatillas que no sujeten el tobillo. Os lo comento ahora, que tengo el pie en alto con una bolsa de judías verdes congeladas encima del tobillo, por si en otro momento se me pasa.

A ver, me explico: por un lado, el hecho de que tenga una bolsa de judías verdes a mano es lo que seguramente más habrá llamado la atención a mis lectores más cercanos: lo cierto es que venía con el piso en el que estoy viviendo provisionalmente en Dublín, y, al menos, ha servido para algo. Porque lo que es comérmelas… ¡ni loco! 

Y ahora el hecho de que esté con el pie en alto y la bolsa de judías encima: hoy he vuelto a jugar al basket desde hacía bastante tiempo. Y, como dice mi madre: "no hagas deporte que es malo". Pues eso, a la primera de cambio esguince de tobillo. Lo cierto es que no ha sido grave, y es más consecuencia de no haber calentado y jugar con las zapatillas de correr que otra cosa, pero al fin y al cabo es un incordio.

Dicho esto, y tratando de verle el lado positivo al asunto, la verdad es que no hay mal que por bien no venga: al menos esto me ha servido para pegar un frenazo en seco al ritmo vertiginoso que llevo desde que llegué aquí y encontrar el rato de escribíos. Enseguida me di cuenta de que el tren de mi nueva empresa va a una velocidad desorbitada, y lo mejor es que no parece que vaya a dejar de acelerar. En este tiempo he conocido a un montón de "pasajeros": algunos que, como yo, se acaban de subir al tren en marcha y están intentando agarrarse para no quedarse atrás. Otros, ya más asentados, se aprovechan del impulso del tren para tratar de avanzar entre vagones y mientras disfrutan al máximo del viaje. 

Resumiendo: que no he parado quieto hasta ahora, y porque no me queda más remedio. En las apenas 2 semanas que llevo por aquí me ha dado tiempo a encontrar casa, a salir de fiesta, a conocer a no menos de 50 personas, a hacer turismo y senderismo, deporte, a volver a salir de fiesta y hasta a hacerme un esguince en el tobillo. Y la sensación, excepto por lo del tobillo, no ha podido ser mejor: estoy encantado con lo que estoy viendo, especialmente con la gente con la que he me ido encontrando en el camino. 

Vivir aquí implica que, de pronto, estoy rodeado de cientos de personas afines a mí: gente joven que disfruta del ambiente internacional y a la que le apasiona viajar, que están lejos de su casa y su familia; y que, tal vez como consecuencia de esto último, están plenamente abiertos a conocer y disfrutar de gente nueva. 

Así que por ahora no puedo quejarme, simplemente tengo que seguir agarrándome fuerte a todos esos pasajeros que me rodean para seguir el ritmo de este tren bala y disfrutar del camino que me espera por delante. 

¡¡Hasta pronto!!

P.D: Mamá, como sé que me lees… sí a todo lo que vas a decirme. No sufras que lo del tobillo no es nada :-)