domingo, 29 de enero de 2012

Ley de acción y reacción

Niños, aún no se quien será vuestra madre. Como os decía en un capítulo anterior, no me queda otra opción que buscar y probar hasta dar con ella. Cómo podéis imaginar, para poder hacerlo, necesito hacer algo que nunca se me dio muy bien: ligar.

Cuando tienes cierta edad y no tienes pareja, de pronto la gente que te rodea empieza a aconsejarte y a decirte cómo tienes que hacer las cosas para encontrar a la mujer de tu vida. Y, aunque nadie parece tener muy claro cómo hacerlo, sí que parecen coincidir en una cosa: “no vas a encontrar a la mujer de tu vida ligando en bares”. No imagináis la de veces que he escuchado esta frase. Y, mi respuesta, suele ir ser siempre la misma ¿dónde si no es en un bar? 

Sin duda, es el lugar más fácil donde abordar a una desconocida. ¿ habéis probado alguna vez a abordar a un desconocido en el supermercado o en plena calle? No digo que no sea posible, pero desde luego no resulta natural y, la gente, suele mirarte como si estuvieras mal de la cabeza.  Además, para mí, hay otra razón aún más poderosa que defiende el ligoteo nocturno: si estoy yo en ese bar pasándolo bien con mis amigos, ¿por qué no iba a poder hacerlo también mi media naranja?

Una vez teniendo clara mi postura, me enfrento a otro problema: ¿cómo ligo? Como os decía antes, ligar nunca ha sido mi especialidad. No soy especialmente guapo, ni tengo un cuerpo atlético; no soy el típico graciosillo que hace reír a todo el mundo ni tampoco el tipo forrado que presume de coche. ¿Parece complicado conocer a chicas así eh? Pues lo cierto es que lo era, hasta que me di cuenta de la clave más fundamental en este arte de ligar: que me dé igual.

Dejarme que os explique algo antes de seguir. Según dice la tercera ley de Newton, la llamada de acción-reacción, "Cada acción tiene una reacción igual y opuesta". Es decir, cuando se empuja un cuerpo, por ejemplo una pared, este siempre ejerce una fuerza de igual fuerza pero de sentido contrario hacia nosotros. Sin embargo, mientras que una pared no puede decidir cuál es su reacción cuando la empujamos, o un perro no puede decidir conscientemente cómo comportarse si un niño le tira de la cola, los humanos sí podemos decidir qué respuesta dar a cualquier estímulo.

Pensareis que es una obviedad, pero sin embargo, veréis a gente que se enfada o entristece por cosas sobre las que no pueden influir, y que pierden el tiempo buscando culpables o quejándose en lugar de buscar la mejor solución a los problemas. ¿De qué les sirve? De absolutamente nada. No están decidiendo como reaccionan y simplemente se dejan llevar. 

Pero volvamos al tema de ligar: lo que nos ocurre cuando no encontramos el valor para hablar con una chica que nos gusta, o nos mostramos excesivamente nerviosos al hacerlo, es que los humanos, de fábrica, venimos programados para que el rechazo de los demás nos duela. Buscamos la integración y la aceptación de los demás y, por tanto, le tenemos miedo a un posible rechazo. Es eso, y nada más que eso, lo que nos limita a la hora de ligar y nos impide mostrar lo mejor que tenemos.

Yo siempre he sido así: las expectativas creadas al ver o conocer a una chica que me gustaba me han hecho actuar de forma poco natural. Además, cuando he pasado tiempo sin ligar o cuando una chica me ha gustado mucho, me he presionado o impacientado empeorando aún más las cosas. Sin embargo, desde hace un tiempo, he conseguido auto convencerme de algo: el rechazo me da igual. Si empiezo a hablar con la chica más guapa de una discoteca… ¿qué tengo que perder si me rechaza? ¿Qué hay de malo en intentarlo? Absolutamente nada. Por eso, desde que no solo lo digo sino que además me lo creo, no tengo problema en conocer chicas, en “entrar” a cualquier grupo y, en definitiva, en mejorar mis posibilidades para conocer a vuestra madre.

Siempre que he visto a otros ligar he querido saber que hacían, que decían, como conseguían atraer a las chicas. No podía creerme que no hubiese un patrón, una frase mágica, algo que utilizar y que fuera la causa de su éxito. Ahora sí me lo creo: no hay truco, es todo cuestión de elegir como reaccionar ante nuestros propios sentimientos. Y una vez que eres capaz de controlarlos... tienes en tus manos un poder que está al alcance de todos, pero que no todos saben aprovechar.

Eleanor Roosvelt, una de las mujeres más influyentes del siglo XX, dijo: “haz cada día una cosa que te de miedo”. A veces, dejaros actuar a vosotros mismos como si no tuvierais miedo de las consecuencias, es genial. Os recomiendo probarlo. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario