Niños, hoy hace 21 años que nació la tía Sheila. Así que os
voy a pedir un favor, y es que esta carta en lugar de escribírosla a vosotros me
dejéis que se la escriba a ella.
Sheila,
No sé si sabes que antes de que nacieras, mamá eligió tu nombre tras oírlo de casualidad y
que alguien le dijera que significaba “sonrisa” en árabe. Si hoy buscas el
origen del nombre en internet, lo cierto es que no está claro si su origen es
árabe, hebreo o incluso irlandés; y su significado varía entre “bienvenida” y “la
que está en las alturas”. Sea como sea, lo cierto es que viniste al mundo rodeada
de sonrisas. Una de ellas, la mía.
Y es que recuerdo ese día con mucha ilusión. Yo pasé la
noche en casa de la tía Loli y, al despertar por la mañana, me dijeron que ya
tenía una hermanita. No sabía muy bien lo que significaba eso, pero me hacía mucha
ilusión. Papá vino a recogerme y yo, vestido con una camisa con dibujos de
billetes (seguramente un presagio de lo cara que me saldrías luego, jeje) me fui
al hospital a conocerte. Me acuerdo bien de ese día, a pesar de que solo tenía
6 años y unos meses. Papá me “coló” en el hospital de Leganés por la zona de
consultas, como le chivó mama, y aunque estaba prohibida la entrada a menores
de 12 años… pude verte. Y no solo verte, sino que te cogí en brazos. En ese
momento papá y mamá me explicaron que tenía que cuidar de ti, porque eras
pequeña y frágil y yo era más grande y fuerte. Creo que, desde entonces, no he dejado
de hacerlo nunca. Y lo he disfrutado cada minuto.
La verdad es que me cambiaste la vida: me enseñaste, sin
querer, a ser responsable de algo más allá que yo mismo, me enseñaste a cuidar
de ti y a quererte de forma incondicional. Me hiciste reír mucho pero también
llorar y pasarlo mal. Sabes de sobra, porque lo recordamos cada dos por tres,
que aún recuerdo el disgusto que me diste en la playa de Isla Cristina. Yo
tendría unos 9 años, y tú apenas 3 o 4. Yo quería leer tranquilo mi tebeo de
Mortadelo y Filemón mientras papá y mamá se iban de paseo. Pero tú no querías
irte con ellos, tú preferías quedarte conmigo. Y yo, un poco harto de la
responsabilidad, decidí que si te quedabas no te cuidaría. Así se lo dije a
papá y a mamá. Aún y así, ellos se fueron y conmigo te quedaste… hasta que
desapareciste. ¡La madre que te parió! En lo que apenas había leído 2 o 3
páginas de tebeo, levanto la mirada y la mocosa ha desaparecido. ¿Qué hago?
Casi me da un infarto, con 9 años. Me acuerdo que le pedí a la señora más
fiable de las que tenía alrededor de nuestra sombrilla que me cuidase el
chiringuito. Me metí en el agua a buscarte, recorrí la orilla y los
alrededores. Nada. Te habías evaporado. De pronto pensé en los gitanos del
parking. Lo siento si el comentario es algo racista, pero con 9 años los
gitanos me parecían una amenaza bastante respetable. El caso es que no estabas
en ningún sitio y yo me quería morir. Corrí al puesto de la cruz roja, les
expliqué lo ocurrido y llamaron a papá por megafonía. El pobre no ha corrido
tanto en su vida y llegó al puesto de la cruz roja a punto de necesitar reanimación.
Fue entonces cuando me explicó, que tú, mocosa intrépida, habías salido
corriendo tras ellos y les habías prometido que me habías avisado.
Desde entonces me has dado más de un susto, la verdad. Pero
creo que han sido más las alegrías. Sobre todo me das alegrías cuando haces
honor al dudoso significado de tu nombre y sonríes. Como sonreías en Disneyland
cuando nos llevaron papá y mamá; como sonreías cuando de alguna hice que
conocieras Nueva York, Bélgica y Holanda. O como cuando sonríes ahora cada vez
que tienes a tu querido Joan cerca.
Es curioso que hoy, 21 años después de aquella mañana
calurosa, sea yo el que sonrío porque te tengo aquí conmigo en Dublín y creo que
te veo más feliz que nunca. Y, cosas de la vida, ahora eres tú la que quieres
cuidar de mí haciendo que coma más sano o que conduzca más despacio.
Yo, por mi parte, lo que espero es verte muchos más nueves
de Julio así de feliz y que, aunque te hagas mayor y cada vez te haga menos falta,
me sigas dejando cuidar de ti.
Te quiero Sheila, ¡Feliz cumpleaños!


