domingo, 23 de febrero de 2014

Algunas cosas que hacer antes de los 30

Niños, no se cómo será el mundo en el momento en que estéis leyendo esto; lo que sí sé es cómo es el mundo hoy: es un lugar dominado por los intereses económicos, en el que los bancos son capaces de provocar crisis al pueblo, el mismo pueblo que luego ha de acudir al rescate de la banca. Y mientras eso ocurre, los ricos, quienes de verdaderamente gobiernan el rumbo de nuestro mundo, se hacen cada vez más ricos y apenas sufren los altibajos de la dichosa economía.

Este mundo de los intereses económicos puede reducirse a una sola cosa: la obtención de beneficios. Todo el mundo busca el suyo propio, definido a su manera. Conseguir beneficios es relativamente sencillo: basta con llevar dinero a un banco y pedir algo a cambio; sin embargo, ésta no resulta ni la única manera, ni tampoco la más inteligente. Hay miles de formas de obtener más de lo que uno tiene y, por eso, la clave que gobierna nuestros días es el famoso "rendimiento del capital invertido (ROI)". El ROI se calcula dividiendo los beneficios que uno obtiene de una inversión, sobre la cuantía de dicha inversión. Dicho de otra manera, permite comparar el premio que uno obtiene en función de lo que uno esté dispuesto a poner por conseguirlo. Esta ecuación resulta fundamental para poder comparar entre todas las opciones de inversión disponibles y, entre ellas, poder elegir la que más se adecúe a nuestros intereses.

Esta simple ecuación está presente a todos los niveles: rige las cotizaciones bursátiles de las más grandes empresas, permite tomar decisiones de negocio así cómo de ahorro, e, incluso, permite decidir la manera en la que uno vive. Sí sí, lo creáis o no, nuestras vidas están regidas por la fórmula del ROI, ¿acaso no os lo creéis?

Os lo demostraré de forma sencilla. Cada vez que tomamos una decisión, por sencilla que sea, estamos haciendo un cálculo de retorno de forma consciente o inconsciente. Por ejemplo, cuando uno decide comer un trozo de chocolate conoce el beneficio que obtiene de ello: ¡qué rico está el chocolate!; y también conoce su precio: esos kilitos de más que tanto cuesta eliminar. Por tanto, cualquier persona frente a un simple trozo de chocolate está valorando los beneficios de comérselo con respecto a sus consecuencias. Es decir, está calculando su ROI.




¿Por qué os cuento todo esto? Pues bien, es sencillo: hasta ahora siempre he aplicado este cálculo del retorno de la inversión en casi todo lo que he hecho en mi vida. Decidí completar mi educación y esforzarme en ello porque creía que los beneficios compensarían; acepté algunos trabajos un tanto ingratos porque pensé que algún día valdrían la pena. Mi vida entera ha sido una sucesión de decisiones bastante responsables pensando en que la inversión que hacía en el presente tendría una recompensa alta en el futuro. Y, viviendo de esta forma, me he plantado en el día 23 de Febrero de 2014, es decir, un día antes de cumplir 29 años.


Es justo ahora, a un paso de los treinta, cuando he decidido que merece la pena modificar mi estrategia de inversión: que estoy dispuesto a cambiar la forma en que pondero el rendimiento futuro respecto del rendimiento presente; o dicho de otra manera, que voy a enfocarme un poco más en disfrutar el día de hoy y menos en preparar el día de mañana. Ojo, tampoco nos pasemos, que sabéis lo que me gusta a mí hacer planes y no es cuestión de volverse un hippie de la noche a la mañana.

Tal vez os preguntéis en qué se traduce dicho cambio. La verdad es que ni yo mismo sé todo lo que implica, pero, por lo pronto, he decidido que hay una serie de cosas para las que no voy a esperar a los 30. Voy a apurar al máximo lo que me queda de los veinte y voy a plantearme una serie de retos para hacerlo.En concreto, 12, uno por cada uno de los meses que me quedan por delante. 

1 - Comer mejor: este año he empezado a comer alguna verdura (espárragos trigueros), he hecho mi primer cocido hoy mismo y, me comprometo, a aprender a cocinar tortilla de patatas antes de los 30.

2 - Hacer deporte: justo cuando estaba preparando esta lista de retos, mi jefe Guillermo me ha propuesto uno: hacer un triatlón. Yo pensé que se le había ido la cabeza, pero resulta que lo decía en serio. ¿un triatlón yo? Pues eso parece. En Mayo voy a intentarlo en su modalidad Sprint, o lo que es lo mismo hacer 750 metros nadando, 20km en bici y 5km más corriendo, todo eso seguido y sin parar a echar una siesta ni nada entre medias. No sé yo si de ésto salgo vivo.

3- Perder peso: espero que, como consecuencia de los dos puntos anteriores, sea capaz de llegar a los 30 con, al menos, 5kg menos de lo que peso al empezar los 29. 

4.- Ya que voy a sufrir haciendo deporte, he decidido que también debería disfrutar con el ejercicio. Por eso, este año, voy a probar un deporte "pijo", ya sea ski, golf, o pádel. Ya os contaré lo qué se siente. 

5.- Además de la fórmula del interés, voy a probar empíricamente otra que también usé mucho en el colegio: la "ley de gravitación universal", es decir, esa que dice que la fuerza con la que uno cae cuando se tira en paracaídas es igual a su peso por la fuerza de la gravedad. Esta última no creo que varíe mucho de aquí a Noviembre, pero espero que mi objetivo 3 se cumpla y así caiga más despacio cuando salte en un paracaídas sobre Las Vegas con mi añorada Inés. 

6.- Siguiendo con la aceleración, a mí la que de verdad me gusta es la que se produce sobre 4 ruedas. Por eso, también antes de los 30, me he prometido darme el gustazo de ponerme al volante de algún cacharro que acelere de 0-100km/h en menos de 5 segundos. Y si lleva un caballino rampante en el morro... mejor aún. 

7.- No todo va a ser disfrutar yo, también me gustaría aportar algo a los demás. Por eso, durante este año, me gustaría encontrar alguna causa benéfica a la que pueda contribuir con mis conocimientos. No quiero simplemente aportar dinero u horas de trabajo no cualificado, sino aprovechar lo que mejor se me da para ayudar a otros. Cualquier idea o sugerencia para ayudarme a conseguir este reto, será más que bienvenida. 

8.- Quiero conocer más y mejor el país dónde vivo. Eso pasa por visitar Cork, recorrer Connemara y, sobre todo, tomarme una cervecita en Johnnie Fox's ,el pub que está a más altura en Irlanda. 

Por ahora estos son mis retos a cumplir antes de los 30; como he dicho que voy a planear menos y centrarme más en el presente, aún me faltan otros cuatro por decidir. Espero que vayan surgiendo sobre la marcha; bien porque alguien me los sugiera, o bien porque se me vayan ocurriendo por el camino. Sea como sea, os lo iré contando. Sed buenos. 


domingo, 5 de enero de 2014

¡Porque yo no soy tonto!

Niños, mañana es un día especial. No sólo porque es el día en el que, si has sido bueno durante el año, vienen los Reyes Magos, sino porque hace justo dos años que comencé a escribiros. En aquél momento vivía en España, sin tener del todo seguro el futuro que me esperaba. Ahora, que vivo en Irlanda, el día de Reyes supone el final de una larga estadía en casa. La verdad es que da algo de pereza volver a irse, sobre todo por aquello de tener que trabajar de nuevo, pero por otro lado es un alivio que termine el frenesí que suponen estos días, especialmente cuando estás aquí de visita. 

Las fiestas de navidad son un una consecución de compromisos sociales: cenas familiares y quedadas con amigos con los que "ponerse al día" ocupan la mitad del tiempo. La otra mitad, sin embargo, hay que dedicársela a algo si cabe más tedioso: ir de compras. 

Veréis, en esta época en qué vivimos nos encontramos en plena transición desde las tradicionales compras offline, a la nueva era del comercio electrónico. Existen ya grandes retailers online como Amazon que permiten comprar prácticamente cualquier cosa, con unos precios imbatibles y, además, asegurando la recepción de los pedidos al día siguiente a la compra; en definitiva, una maravilla. 

Es curioso que en esta época de transición hay distribuidores como el grupo alemán Metro, que tienen marcas puramente online con las que trabajan en paralelo a las marcas offline. Los alemanes, a través de la publicidad, tratan de convencernos de que lo inteligente es comprar en sus almacenes Media Markt cuando, al mismo tiempo, ofrecen mucho mejores precios a través de su marca online, Redcoon.




Pese a todas las ventajas de la compra online, por algún extraño motivo, aún nos gusta seguir comprando en tiendas físicas. La verdad, no se explicaros muy bien por qué, puesto que son casi todo desventajas. Lo primero, conseguir llegar a los centros comerciales y, aparcar en ellos, supone toda una odisea en estos días. Además, las aglomeraciones provocan que la experiencia de compra sea de todo menos agradable, por no hablar de las roturas de stock y las interminables búsquedas de productos agotados. Sin embargo, lo peor de comprar en tiendas físicas no son los villancicos machacones que repiten sin parar, no: ¡lo peor es haber probado ya el placer de comprar online!

Veréis, el otro día acompañé a mi madre a un hipermercado Alcampo. Quería comprar un simple adaptador de cable usb. Sí, ya se que en vuestra época eso de usar cosas con cables es "moda vintage", pero en nuestro tiempo no hay cacharrito que se precie sin puerto usb. El caso es que para comprar algo tan simple como esto, pasé un rato bastante complicado. Lo primero, porque cuando uno se enfrenta al lineal de productos observa varias opciones y no entiende las diferencias entre ellas. Miras los diferentes packagings o marcas y tratas de evaluar cual sería la compra más eficaz dentro de todo el surtido de precios. Esto, en sí mismo, ya es una tortura en comparación con las opciones que ofrecen las tiendas online, en las que puedes apoyar tu decisión en comparativas de características técnicas, opiniones de otros usuarios, etc. Además, por si eso no fuese poco, cuando por fin has elegido el artículo que te parece mejor te ataca una duda existencial: ¿y si en otro sitio es más barato? Lo que comprando por internet supone abrir un par de pestañas más en tu navegador, en el mundo offline implica gastar una cantidad ingente de gasolina y tiempo para comprobar el precio en otros establecimientos. 

Es en ese momento de angustia cuando el efecto "ROPO" (Research Online, Purchase Offline) se hace fundamental. Este es un término de obligada inclusión en las presentaciones de cualquier gurú de la distribución digital que se precie hoy en día y trata de explicar ese curioso efecto por el cual los consumidores utilizan la red para comparar productos e informarse sobre ellos y, luego, acuden a la tienda física para realizar la compra. 

Como yo no había hecho mis deberes antes de enfrentarme al temible lineal, no tuve más remedio que tirar de 3G y tratar de conseguir la información que necesitaba desde mi móvil. La imagen de un cliente usando el móvil desesperadamente mientras evalúa opciones de compra es de lo más habitual; lo curioso es que, justo en este tipo de tiendas la conexión móvil suele ser horrible... ¿casualidad?.

Total, que al final uno se siente frente a la estantería tan desamparado como cuando compra en un bazaar de artesanía en el extranjero: sabes que te están timando pero, aún así, no te queda más remedio que comprar lo que quieres. 

Por eso, tras haberlo pasado tan mal en estos días, me he prometido a mí mismo que, el año que viene, todas mis compras de regalos serán online; estoy convencido de que así ahorraré tiempo, dinero... y salud. Entre tanto, los compren dónde los compren, ¡que los Reyes os traigan muchos regalos!