Niños, no importa la empresa en
la que trabajes: todas ellas siempre miden su éxito, en gran medida, por su
evolución de un año contra otro. Es tan complicado medir el valor de un negocio
de forma abstracta que siempre es necesario encontrar algo contra lo que
comparar los resultados. Y no hay mejor contrario contra el que medirse que uno
mismo. Por eso, en cada empresa en la que he trabajado, el famoso indicador YoY
(Year on Year, año contra año) resulta fundamental para entender lo bien o mal
que están yendo las cosas.
Así que, al más puro estilo
empresarial, hoy he decidido que me apetece echar la vista atrás justo un año,
a ver cómo va mi YoY.
El año que pasé en Londres viví en
una casa bastante regular, la verdad. Compartíamos sótano 5 personas y solamente teníamos un baño y un
minúsculo recibidor que hacía las veces de salón comedor. Ahora, un año
después, escribo estas líneas sentado en el sofá de mi casa de Dublín, en la
que tengo la gran suerte de vivir yo solito. La verdad es que en esto la mejora
ha sido notable.
Aunque he de decir que la experiencia
en aquella casa de Lillie Road no fue mala, todo lo contrario: tuve la suerte
de convivir durante un año con Jorge y Eva. Dos chicos excepcionales que me
sirven de inspiración: se quieren, se apoyan, se cuidan el uno al otro y
siempre miran a la vida con valor y con la actitud más positiva. Ahora les va genial
y yo que me alegro: se merecen todo lo bueno que les pase. Por muy a gusto que
esté en mi nueva casa, les echo mucho de menos.
Además, allí pasaba los días de
oficina y las noches de fiesta con los pequeños en tamaño pero grandes en
espíritu Manolo y Alex. Sin ellos Londres no hubiese sido lo mismo, ni de lejos.
Siempre estaban ahí para sufrir mis idas de olla, apoyarme en mis bajones o reírse
con mis tonterías. Ahora también les va muy bien, y, al igual que a Jorge y a
Eva, espero que la vida les siga tratando tan bien como merecen.
Dicho esto, la verdad es que en
lo que a amistad se refiere no puedo quejarme tampoco; hace apenas un par de
meses que llegué a Dublín y ya tengo a un montón de personas que hacen que cada
día valga la pena: mi buddy Inés y su infinita paciencia conmigo, la bendita
loca de Natalia o el gran campeón de David; ellos y todos los que han gastado
un minuto de su tiempo en enseñarme algo, en ayudarme, en escuchar mis
historias para no dormir o simplemente en echaros unas risas a mi lado. Por
suerte para mí, son tantos que si los nombrase a todos no tendría sitio en una
sola entrada de blog. ¡Parece que el YoY no va mal por ahora!
¿Qué me queda? Pues me quedan los
que más quiero: mi familia. Hace un año vuestra tía acababa de embarcarse, con
mucha valentía, en una nueva aventura: con solo 20 añitos decidió que se iba de
casa para estar al lado de la persona que más quiere. A mí y a los abuelos nos dio
mucha pena, pero ahora no podemos hacer otra cosa que alegrarnos cada vez que
vemos la sonrisa de felicidad que no se le borra de la cara, culpa en gran
parte de las excepcionales personas que la rodean y a los que no puedo estar
más agradecido por lo bien que tratan a mi hermanita. Sheila, no te lo digo
tanto como debería, pero no sabes lo que te quiero y te echo de menos. ¡Qué
bien que en menos de un mes estarás por aquí y volveremos a vivir juntos
durante un mesecito! Vete armando de paciencia, eso sí.
Vuestros abuelos hace un año estaban
a punto de venir a visitarme a Londres y hoy están ya preparando un nuevo viaje
a Irlanda. Sé que nos echan de menos, pero al mismo tiempo están muy felices
por lo bien que nos va. Yo también los echo de menos, pero por suerte puedo
verles a menudo y hablar con ellos cada semana. Niños, ojalá yo pueda daros,
como mínimo, lo que he recibido de ellos.
Casi casi he terminado, pero me
queda una cosita por repasar. Esa de la que tanto les gusta que hable a las
chicas que leen este blog… ¡el amor! Aquí las cosas sí que han cambiado: hace
un año me pasaba el día persiguiendo a cualquier chica guapa que pasase a mi
lado; eso sí, tan pronto como se acercaban demasiado salía huyendo y trataba de
alejarlas de mi vida. ¡Me daba pánico comprometerme! Y hoy, como os conté hace
poco, ando enamorado como un adolescente. Ahora soy yo el que está dispuesto a hacer
cualquier cosa por una sonrisa que me vuelve loco; lástima que, a ella, le he
pillado a contrapié. Pero claro, ¡es que no todo podía ser tan sencillo!
En resumen, estaréis de acuerdo
conmigo en qué el famoso año contra año no puede ser más positivo para mí. Como
dicen los guiris, habrá que esforzarse por mantener el momentum y que el año
que viene por estas fechas las cosas sigan, como mínimo, igual de bien.
P.D: "Perdón por escribir esta carta tan larga, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta" by George Bernard Shaw

