jueves, 28 de marzo de 2013

Irlanda, ese ¿gran? país


Hola niños, ¿qué tal estáis? Yo sigo como siempre, con apenas tiempo de seguir el ritmo de mi propia vida. Aunque hoy no puedo quejarme: os escribo desde la cama, a apenas unas horas de subirme a un avión rumbo a Las Vegas. Muchas horas de vuelo y una escala en Philadelphia me separan de la ciudad del pecado. No obstante, sobre mis aventuras en el Strip, mi road trip por el Gran Cañón, mi vuelo en helicóptero, etc. os hablaré a la vuelta. O tal vez no, ya se sabe que lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas.

Hoy os quiero hablar de las cosas que menos me gustan del país que justo desde hace hoy un año es mi país de residencia. Resumiendo, Irlanda me parece un país lamentable. Francamente. Si habláis con gente que ha estado aquí estudiando, de Erasmus o aprendiendo inglés os dirán seguramente que es un sitio genial, con mucho ambiente para salir y con gente muy maja y hospitalaria. Eso seguramente es cierto. El problema es todo lo demás.

Veamos, por un lado el clima es algo que condiciona el país de manera definitiva. La mejor palabra para describirlo es “desapacible”. Lo peor, es que es así de forma constante; uno puede entender que los inviernos sean duros... pero en casi cualquier país del mundo, por muy al norte que esté, hay estación de verano. Aquí no. Aquí el tiempo es constamente horrible.  Sin ir más lejos, este año hemos recibido a la primavera con cuatro días seguidos de nieve, viento y temperaturas máximas de 3 o 4 grados. Ahora bien, el tiempo no es responsabilidad de los irlandeses. Lo que sí lo es es construir casas que no aislan del frío o haber decidido prescindir del básico y efectivo concepto de la “contraventana”. Aquí, creo que disfrutan pasando frio.



Pero dejando el clima a un lado, el país no mejora mucho, la verdad. Este es un país bastante deshabitado. Para que os hagáis una idea, en España donde tenemos zonas casi desérticas y despobladas, la densidad de población es de 93 habitantes por kilómetro cuadrado. Aquí, en Irlanda, la densidad es bastante inferior: 67 habitantes por metro cuadrado. Además, esos 67 habitantes por metro cuadrado son de los peores. Me explico: ahora mismo, unos 3 millones de Irlandeses viven fuera del país. Se calcula que más de 100 millones son los que han emigrado en la conocida como “diáspora irlandesa” que comenzó después de 1840. ¿y quienes se han ido? Pues en gran medida, como tristemente sucede hoy en día en España, los mejor preparados. Aquellos que tenían más a ganar fuera del país que dentro. Por tanto, entre que los que quedan apenas pueblan el país y que no son precisamente los mejores, este país es un pequeño desastre.

A día de hoy, lo peor de Irlanda son los servicios públicos: la sanidad es penosa además de cara; los bancos funcionan con retraso respecto a su tiempo; el comercio sigue cerrando a las 6 cada día y las carreteras dan verdadero miedo. Lo peor es que esto no es flor de un día: el pueblo irlandés apuntaba maneras desde hace mucho. Entre 1845 y 1849 se produjo lo que se conoce como “la gran hambruna irlandesa”; durante ese período, debido a las políticas abusivas impuestas por el Reino Unido que antes les había conquistado (normal, por otra parte), se calcula que murieron en Irlanda más de dos millones de personas debido a la escasez de patatas. Una pena, sin duda. Pero algo bastante curioso teniendo en cuenta que Irlanda... es una isla. Una isla en la que el pescado, además de calidad, abunda. Sin embargo, ni entonces ni ahora han sido los irlandeses amigos del pescado. Puedes pasear el centro de Dublín de arriba abajo cuantas veces quieras y no verás una pescadería. Cuanto menos, curioso.

En lo que sí son buenos, aunque tampoco los mejores ya que la República Checa les supera, es en consumo de cerveza. Pese a lo caro del alcohol, normalmente beben sin medida. Es clásico encontrar las calles llenas de borrachos y las aceras sufriendo las consecuencias. En Irlanda no todo es malo, por supuesto también hay cosas buenas. Pero esas os las contaré otro día.

"The Irish ignore anything they can't drink or punch."
James Boswell


miércoles, 6 de marzo de 2013

¿por qué solo mejorar cuando puedes reinventar?


Hola niños. ¿qué tal este último mes? Espero que no me hayáis echado mucho de menos. Yo durante este mes, entre otras cosas, he celebrado mi 28 cumpleaños. Fue una gran celebración con más de 40 amigos y en la que lo que más me sorprendió fue darme cuenta de que, de esas 40 personas, justo en mi anterior cumpleaños, no conocía a ninguna. Ni conocía a algunos de mis hoy mejores amigos, ni si quiera a la persona con la que comparto mi vida. Sin darme cuenta, sólo en un año, había revolucionado del todo mi vida. Y me he dado cuenta de que a veces, es mucho más interesante reinventarse y empezar un sendero nuevo que simplemente continuar por el anterior.  

¿qué quiero decir con esto? Pues básicamente que hay ocasiones en la vida, en las que sale bastante más a cuenta volver empezar las cosas desde el principio y encontrar soluciones totalmente nuevas a los problemas que existan. Soluciones más acordes con un contexto más actual y con unas circunstancias que seguramente habrán cambiado desde que el problema se atacó por primera vez.

Por ejemplo, hoy en día es común que en casi todos nuestros dispositivos tecnológicos utilicemos un teclado llamado Qwerty. Se llama así porque es el orden de las seis primeras letras que aparecen de izquierda a derecha. Quizá no sepáis que este teclado se hizo popular a partir de 1878 gracias a una máquina de escribir llamada Remington No.2. Tal vez penséis que la disposición de las teclas esté pensada para agilizar al máximo la escritura y que podamos escribir más rápido. ¿sería lo lógico, verdad? Pues no, precisamente este diseño busca justo lo contrario: que escribamos de la forma más lenta posible. ¿por qué? Sencillo. Este teclado fue concebido para máquinas de escribir, cuyo sistema de impresión estaba formado por brazos metálicos que imprimían en el papel las letras correspondientes a cada tecla. Dado que era muy fácil que estos brazos metálicos chocasen y se atascasen si se pulsaban dos teclas seguidas de forma muy rápida, se diseñó un teclado que minimizase estos errores buscando la escritura más lenta posible utilizando diez dedos.

Lo curioso, es que desde hace más de dos décadas las máquinas de escribir prácticamente han quedado en desuso; ahora el teclado Qwerty no aporta ninguna ventaja sobre ordenadores, teléfonos móviles o tabletas que llenan nuestros hogares hoy en día. Durante años nos hemos esforzado en mejorar los teclados, hacerlos ergonómicos, diseñar sistemas que permitan agilizar la escritura en móviles… pero no nos hemos atrevido a diseñar la solución a nuestra necesidad desde cero. Tal vez, de haberlo hecho, ahora tendríamos como estándar un teclado mucho más eficiente que me permitiese escribiros este blog en mucho menos tiempo.

Este es precisamente uno de los mantras de Larry Page, mi jefe supremo, quien repite la teoría de que crecer al 10% serviría para mantener contentas a la mayoría de compañías; sin embargo, multiplicar por diez (10x) el valor de algo a veces es incluso menos costoso. Creciendo y mejorando lo que ya existe un 10% seguramente no cometerás un fallo estrepitoso, pero desde luego tienes garantizado que no alcanzarás un gran éxito.

Es por eso que hoy veo a las grandes empresas de mi país, que como Iberia, se afanan en seguir estirando lo que una vez fueron y seguir haciendo las cosas de la misma manera. Tal vez sería bueno que, en lugar de gastar el tiempo pensando en cómo reducir costes  se plantearan… ¿cómo sería Iberia si la inventásemos hoy?

Niños, sed valientes. Y si tenéis la oportunidad de multiplicaros por 10… hacedlo.