lunes, 31 de diciembre de 2012

2013: el año de la serpiente


Niños, ya casi le hemos dado la vuelta al calendario desde que empecé a escribiros. La verdad es que este año 2012 que hoy se termina ha sido muy completo: cambio de trabajo, de ciudad, nueva gente en mi vida, muchos viajes e historias interesantes. Pero todo eso ya os lo he ido contando, así que mejor que volver a hablar de lo pasado vamos a jugar a las predicciones sobre lo que vendrá en 2013.

Si 2012 comenzaba con la teoría Maya del fin del mundo, dada su escasa fiabilidad, este año vamos a fiarnos más de los chinos. Por cierto niños: para vosotros será normal que China domine el mundo… pero para nosotros esta época es seguramente el punto de inflexión. Venimos acostumbrados a que Estados Unidos sea “el jefe” del mundo pero poco a poco nos vamos dando cuenta de que serán los Chinos los que dirijan el cotarro próximamente.

El caso es que si hacemos caso a los chinos y, en particular, a su horóscopo, este será el año de la serpiente. Por resumir, los años de la serpiente suelen ser años muy complicados en los que ocurren cosas bastante trascendentes: el ataque a las torres gemelas de Nueva York, la caída del mundo de Berlín, la revolución rusa, etc. Así que veremos que nos depara 2013; esperemos que si ha de ocurrir algún acontecimiento histórico sea uno que marque un punto de inflexión a esta tendencia negativa que arrastramos desde 2008 y se empiece a vislumbrar un período de recuperación mundial.



No obstante, el mundo es muy grande así que centrémonos en lo más cercano. Yo para 2013 tengo ya algunos planes: por lo pronto, espero mantener la ciudad donde vivo y el trabajo, cosa que no hago desde 2009 y ya toca. Eso sí, uno de los primeros cambios será el de casa: el objetivo es encontrar guarida nueva en Dublín antes de Abril.

Además de eso, están los clásicos propósitos de año nuevo: estos propósitos tienen origen en la época de Babilonia en la cual sus ciudadanos le prometían a Dios a comienzos de año que devolverían aquellos objetos que tenían prestados y saldarían sus deudas. Más tarde, los romanos hacían sus promesas al Dios Jano, quien da nombre al mes de Enero en ingles (Janus – January). Por último, en la época medieval, los caballeros realizaban sus “votos del pavo real”: posaban sus manos sobre un pavo real y reafirmaban su compromiso con la caballería.

Hoy en día, se estima que un 40% de los norteamericanos realizan sus propósitos de fin de año y que solamente un 12% tienen éxito. Entre las más populares, están las de pasar más tiempo con la familia y los amigos, ponerse en forma, dejar de fumar o aprender algo nuevo. Yo este año me pongo metas bastante sencillas: quiero correr, ser capaz de hacer 10km corriendo de forma habitual y en no mucho más de 50 minutos. Eso implica que tengo que ser capaz de salir a correr o realizar alguna otra actividad deportiva un mínimo de 3 veces a la semana. En teoría no debería ser muy difícil, pero encontrar el tiempo y las ganas para hacerlo siempre me ha supuesto un reto complicado.

Por otro lado, este parece un buen año para aprender algo nuevo. No tengo muy claro el qué, pero tras haber aprendido un montón de cosas nuevas en 2012 a costa del trabajo igual este es el año de aprender algo por gusto: ¿edición de vídeo? ¿coctelería? Aún no lo tengo muy claro, pero algo encontraremos. Lo que sí que me propongo en 2013, ese seguir pasando por aquí habitualmente para contároslo. ¡Feliz 2013!

sábado, 22 de diciembre de 2012

¡Viva el camarero español!


Niños, cómo habréis deducido rápidamente, el mundo no se acabó ayer cómo estaba previsto. De eso me alegro, aún tenía unas cuantas cosas pendientes por hacer, entre ellas conoceros. Pero la verdad es que fue un poco decepcionante: últimamente nada sale en el mundo según estaba previsto.

A punto de terminar 2012, la verdad es que el mundo está hecho un asco: los países desarrollados siguen pagando una crisis financiera que comenzó en 2008 y que provocó que decisiones que tomasen unos pocos para saciar su ambición de riquezas las estemos aún hoy pagando entre todos. Y lo que nos queda.


En España nos ha tocado una de las peores partes. Aquí somos los primeros en apuntarnos a la alegría. No hace ni cinco años que los albañiles se movían en BMW, se compraban chalets y llevaban a los niños a colegios de pago. Es más, no eran albañiles, eran jefes. Más que nada, porque tenían a una cuadrilla de latinoamericanos dispuestos a hacer el trabajo duro por cuatro perras. Queríamos vivir cómo ricos, sin esfuerzo. Claro, aquello no era sostenible.

El problema es que de aquellos barros vienen estos lodos: a día de hoy el gobierno no hace más que recortar y recortar la inversión pública para ver si así nos rebajan la dichosa prima de riesgo y que así, resulte más barato pedir dinero prestado a los mercados para tapar los agujeros que nos han creado bancos  y políticos corruptos, maliciosos y además bastante zoquetes. Y nosotros pagando y sufriendo las consecuencias.

La cosa está verdaderamente fastidiada: 1 de cada 4 personas dispuestas a trabajar está en el paro. Los universitarios preparados prefieren irse fuera a buscarse la vida y en lugar de seguir recibiendo a latinoamericanos que vienen aquí a trabajar,  somos nosotros los que nos empezamos a ir a Latinoamérica en busca de empleo.

Cuando te comparas con el resto de países, y ves que nuestra situación es peor que la de la mayoría, piensas ¿seremos más tontos? ¿Seremos peores? Pues  hombre; igual el famoso carácter latino no ayuda a ser los más productivos del mundo; además esa pillería inherente al español implica que los repartos de ayudas, becas, etc. Terminen siempre siendo injustos y llegando a quienes no lo merecen. Pero lo cierto es que no somos más tontos que los demás: simplemente estamos pagando aún retrasos de los tiempos de la dictadura y los errores de gobiernos que no supieron manejar la época de vacas gordas y asegurar un crecimiento sostenible. ¿No os lo creéis? Pues os pondré un ejemplo: el camarero español es el mejor del mundo, con diferencia.

Veréis, habiendo ya dado algunas vueltas por el mundo y teniendo tendencia a probar barras de bar allá por dónde paso, puedo asegurar que no hay otro camarero igual de capaz que el camarero español. Pero ojo, no hablo del modernillo repeinado que pone copas en la discoteca de moda; ni tampoco del “nini” al que su padre le ha dejado de dar la paga y se gana unos euros sirviendo en el Vips. Hablo del camarero de profesión, el de toda  la vida. El del restaurante El Ñeru o el bar La campana.

Ese que desmitifica aquello de que los hombres solo podemos hacer una cosa a la vez: este te atiende con celeridad, te toma nota mientras sirve a otros clientes, te hace un chascarrillo, te vende la carta y lo que no está en la carta y todo eso mientras lleva una contabilidad precisa de todas las cuentas abiertas que hay en la barra, que está a reventar.

En Inglaterra o en Irlanda,  por poner un ejemplo, no tienen ni puta idea (con perdón). Te atienden de uno en uno, no les  pidas más de 3 o 4 bebidas de una vez que se atoran; mientras la Guinness reposa por supuesto no son capaces de ir tomando otra orden y, además, te cobran en el momento porque si no se les olvida qué y cuanto tienes que pagarles.

El camarero español no hablará inglés; seguramente no habrá salido de España en su vida y vagamente sepa utilizar Internet  Pero eso sí, atiende a sus clientes cómo en otros sitios no sabrán hacerlo en la vida.

Así que la cosa está fea, por ahora vamos “palmando”, pero igual si en vez de darle tantas vueltas a todo aquello que nos va mal nos centramos en hacer bien lo que mejor sabemos hacer (turismo, hostelería, agricultura, alimentos de buena calidad, ciencia, etc.) estoy convencido de que pronto podremos estar a la altura de todos los demás.

Espero ir contándooslo. 


"Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su capacidad para escalar a un árbol,  vivirá toda su vida creyendo que es estúpido" Albert Einstein.

domingo, 16 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!


Niños, hace demasiado tiempo que no os escribo. No penséis que no ya no pienso en vosotros, que va. Simplemente es que he estado muy ocupado últimamente.

En estos meses en que no os escrito he estado enfocado en una cosa: disfrutar de la vida. No os he escrito lo que debería, tampoco he hecho mucho deporte y quizá he llamado a casa menos veces de las que tendría que haberlo hecho. Pero la verdad es que no me arrepiento, ya que he hecho lo que de verdad me apetecía.

Desde la última vez que os escribí, he estado disfrutando de cada día: domingos de brunch, noches de cena en casa viendo una peli, fiestas con amigos o tardes de tiendas y cine. Cómo veis, nada destacable. Pero, a la vez, estos han sido algunos de los mejores meses de mi vida. Supongo que la clave ha sido la compañía.

Además, he hecho algún que otro viaje: unos días espectaculares en Rosas este verano (¡qué lejos quedan ya!) disfrutando de un Mini descapotable y una increíble excursión alrededor del Cabo de Creus en moto de agua. Además, vuestros abuelos estuvieron en Irlanda y nos dedicamos a recorrer el oeste de la isla con algún que otro percance por el camino. Ahora el abuelo y yo somos expertos en cambiar ruedas.

Ya en Octubre, llegaron dos viajes más: un fin de semana muy divertido en Port Aventura y un puente pasado por agua recorriendo Donegal, el condado más al norte de Irlanda. Desde entonces, no he viajado más que por trabajo, pero aún así he escalado montañas con mis compañeros, que aunque cómo guías no se vayan a ganar la vida, son unos cracs  También me he disfrazado de punkie, he recibido clases de cocina y hasta he probado el Bikram yoga. Vamos, que cómo veis no he parado un minuto y los he disfrutado todos.

Si os acordáis, en mi primera entrada de este blog, Feliz Día de Reyes os contaba que según los Mayas el mundo se acabaría el próximo 21 de diciembre. O sea, este próximo viernes. Cómo ya os conté, no le doy mucha credibilidad a la teoría, pero aún así me pregunto ¿y sí se acaba el mundo?
Pues sí se acaba el mundo qué vamos a hacerle. Pero, de ser así, la verdad es que no puedo quejarme ya que sería terminar “en todo lo alto”. Sin lugar a dudas, este 2012 ha sido el mejor año de mi vida. Pero si no se acaba, cómo espero que así sea, la verdad es que estoy deseando hincarle el diente al próximo año. Me esperan viajes, retos, novedades y, sobre todo, un puñado de gente alrededor con la que merecerá la pena cada día.

Pero, antes de eso, aún falta ponerle la guinda del pastel a este 2012: el próximo miércoles empiezo unas largas y merecidas vacaciones en las que espero disfrutar de la navidad en Madrid. Tiempo de reencuentros con la familia y los amigos, a los que echo mucho de menos, y encima, con la gran suerte, de tener muy cerquita lo que más quiero. Así que, a disfrutarlo. 

¡Feliz Navidad!


jueves, 9 de agosto de 2012

¿cuantos amigos se pueden tener?


Hola niños,

Cuando leáis esto, ya habréis leído las entradas del blog “cómo conocí a vuestra madre”. Por eso, no hace falta explicaros de qué va esto.

Por resumirlo mucho, hace tiempo que decidí empezar a escribiros cómo una forma de conservar mis pensamientos, mis sentimientos y algunas de las cosas que me ocurren en mi día a día antes incluso de saber si existiréis. El problema es que lo hice en público para no sólo comunicarme con vosotros sino divertirme también escribiendo para quien quisiera leerme.

La cuestión es que he llegado a un punto donde creo que ambas cosas no son compatibles: por un lado quiero compartir con vosotros mis pensamientos y mis sentimientos más íntimos; en definitiva cosas que no le contaría a todo el mundo; y, por otro, quiero seguir escribiendo para los demás, pues disfruto mucho haciéndolo.

Así que, a partir de hoy, os voy a escribir por duplicado. Por un lado, voy a crear para vosotros una cuenta de email (Gmail, por supuesto) cuyo primer email recibido será esta entrada. Y, partir de ahora, trataré de contaros con todo detalle todos esos sentimientos y pensamientos que llevo dentro hasta que llegue el día (espero) en que os invite a leerlos. Pero, a la vez, seguiré escribiendo a través de este blog sobre temas menos íntimos de forma que pueda seguirlo disfrutando sin comprometer ni mi privacidad ni la de nadie más.

Así que, después de la nota informativa, vamos a tratar un tema peliagudo que tiene relación con todas esas personas que leen mi blog: ¿cuántos amigos puede uno tener? Si le hago caso a Facebook, tengo más de 200. Pero claro, parece que Facebook le aplica a todo la misma sobre valoración: a mi número de amigos, a su valor en bolsa…

La verdad es que lo pregunto en serio. Ahora mismo estoy en un vuelo de Madrid a Dublín y, otra vez, no he podido ver a un montón de personas con las que me hubiese gustado compartir algo de tiempo. Hace poco os hablaba de que priorizar no significa otra cosa que renunciar, y a veces toca renunciar a personas aunque se haga a disgusto.

Por eso, para calmar la rabia que eso me genera, he tratado de darle un enfoque un poco analítico al tema. Veamos… ¿cuánto tiempo hay que pasar con una persona para considerarla un amigo? ¿1 hora a la semana? ¿1 hora al mes? ¿2 horas cada tres meses?

La verdad es que no lo sé, pero me he puesto a contar y me salen unas 25 personas  que viven alrededor de Madrid a las que de verdad me apetece ver de forma regular y con las que quiero mantener contacto habitual. Eso, sin contar a la familia, que precisamente por el hecho de ser familia a veces se da por hecho que siempre estarán ahí y no se les cuida lo que se debería.

Total, que no hace falta hacer muchos cálculos para saber que resulta inviable mantener una relación de amistad adecuada con tantas personas. 

Esto no me resuelve mi duda sobre cuantos amigos puede uno tener, pero de alguna forma espero que me sirva de justificación a mí mismo para no sentirme mal por no ver a todas esas personas cada vez que paso por Madrid.

Esto de tener que priorizar sigue sin gustarme nada.


domingo, 8 de julio de 2012

21 años de sonrisa


Niños, hoy hace 21 años que nació la tía Sheila. Así que os voy a pedir un favor, y es que esta carta en lugar de escribírosla a vosotros me dejéis que se la escriba a ella.

Sheila,

No sé si sabes que antes de que nacieras, mamá  eligió tu nombre tras oírlo de casualidad y que alguien le dijera que significaba “sonrisa” en árabe. Si hoy buscas el origen del nombre en internet, lo cierto es que no está claro si su origen es árabe, hebreo o incluso irlandés; y su significado varía entre “bienvenida” y “la que está en las alturas”. Sea como sea, lo cierto es que viniste al mundo rodeada de sonrisas. Una de ellas, la mía.

Y es que recuerdo ese día con mucha ilusión. Yo pasé la noche en casa de la tía Loli y, al despertar por la mañana, me dijeron que ya tenía una hermanita. No sabía muy bien lo que significaba eso, pero me hacía mucha ilusión. Papá vino a recogerme y yo, vestido con una camisa con dibujos de billetes (seguramente un presagio de lo cara que me saldrías luego, jeje) me fui al hospital a conocerte. Me acuerdo bien de ese día, a pesar de que solo tenía 6 años y unos meses. Papá me “coló” en el hospital de Leganés por la zona de consultas, como le chivó mama, y aunque estaba prohibida la entrada a menores de 12 años… pude verte. Y no solo verte, sino que te cogí en brazos. En ese momento papá y mamá me explicaron que tenía que cuidar de ti, porque eras pequeña y frágil y yo era más grande y fuerte. Creo que, desde entonces, no he dejado de hacerlo nunca. Y lo he disfrutado cada minuto.

La verdad es que me cambiaste la vida: me enseñaste, sin querer, a ser responsable de algo más allá que yo mismo, me enseñaste a cuidar de ti y a quererte de forma incondicional. Me hiciste reír mucho pero también llorar y pasarlo mal. Sabes de sobra, porque lo recordamos cada dos por tres, que aún recuerdo el disgusto que me diste en la playa de Isla Cristina. Yo tendría unos 9 años, y tú apenas 3 o 4. Yo quería leer tranquilo mi tebeo de Mortadelo y Filemón mientras papá y mamá se iban de paseo. Pero tú no querías irte con ellos, tú preferías quedarte conmigo. Y yo, un poco harto de la responsabilidad, decidí que si te quedabas no te cuidaría. Así se lo dije a papá y a mamá. Aún y así, ellos se fueron y conmigo te quedaste… hasta que desapareciste. ¡La madre que te parió! En lo que apenas había leído 2 o 3 páginas de tebeo, levanto la mirada y la mocosa ha desaparecido. ¿Qué hago? Casi me da un infarto, con 9 años. Me acuerdo que le pedí a la señora más fiable de las que tenía alrededor de nuestra sombrilla que me cuidase el chiringuito. Me metí en el agua a buscarte, recorrí la orilla y los alrededores. Nada. Te habías evaporado. De pronto pensé en los gitanos del parking. Lo siento si el comentario es algo racista, pero con 9 años los gitanos me parecían una amenaza bastante respetable. El caso es que no estabas en ningún sitio y yo me quería morir. Corrí al puesto de la cruz roja, les expliqué lo ocurrido y llamaron a papá por megafonía. El pobre no ha corrido tanto en su vida y llegó al puesto de la cruz roja a punto de necesitar reanimación. Fue entonces cuando me explicó, que tú, mocosa intrépida, habías salido corriendo tras ellos y les habías prometido que me habías avisado.

Desde entonces me has dado más de un susto, la verdad. Pero creo que han sido más las alegrías. Sobre todo me das alegrías cuando haces honor al dudoso significado de tu nombre y sonríes. Como sonreías en Disneyland cuando nos llevaron papá y mamá; como sonreías cuando de alguna hice que conocieras Nueva York, Bélgica y Holanda. O como cuando sonríes ahora cada vez que tienes a tu querido Joan cerca.
Es curioso que hoy, 21 años después de aquella mañana calurosa, sea yo el que sonrío porque te tengo aquí conmigo en Dublín y creo que te veo más feliz que nunca. Y, cosas de la vida, ahora eres tú la que quieres cuidar de mí haciendo que coma más sano o que conduzca más despacio.

Yo, por mi parte, lo que espero es verte muchos más nueves de Julio así de feliz y que, aunque te hagas mayor y cada vez te haga menos falta, me sigas dejando cuidar de ti.

Te quiero Sheila, ¡Feliz cumpleaños!

viernes, 6 de julio de 2012

Maldita priorización



Niños, en 2012 vivimos en la más extrema de las abundancias. Y sí, ya se que seguramente habréis estudiado algo de historia y sabréis que desde 2008 vivimos en el mundo en general y en España y Europa Occidental en particular, una de las peores crisis económicas que se recuerdan. Pero aún y así, tenemos tanto que nos sobra.

Me explico. Vivimos en una época en la que podemos disfrutar de todo lo que nos rodea como nunca antes. ¿viajar al otro lado del mundo? Es solo cuestión de tener un poco de dinero y días libres. ¿tener acceso a toda la música, películas, cine o obras de arte que puedas imaginar? Es tan simple como tener un aparato, que ni si quiera tiene por que ser un ordenador, con acceso a internet.
¿por qué ocurre esto? Pues porque en los últimos años hemos vivido una auténtica revolución en términos de transporte y comunicaciones que nos han cambiado la vida. Nuestro tiempo se conoce como la “era de la información”, y es porque, de pronto, tenemos acceso a toda la información que uno pueda imaginar. Pero tenemos demasiada. Demasiada información. No es de extrañar entonces que la empresa para la que trabajo, que tiene como misión “Organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil” encuentre su “pequeño nicho” de mercado.

Pero yendo a lo que quería contaros hoy… el problema es que tenemos demasiada información. Podemos mantener amigos en cualquier lugar del mundo y tener acceso a ellos, a lo que hacen o a lo que dicen de forma instantánea. Y eso, en sí mismo, no es malo. Lo complicado es mantenerlos.

Me encuentro sumido en una auténtica locura: viajo unos días a España, por trabajo, y me resulta absolutamente imposible ver o charlar con toda esa gente que conozco y con la que quisiera compartir algo de mi tiempo. Me quedo en casa de mis padres, vuestros abuelos, y apenas puedo pasar tiempo con ellos. Tengo tantas opciones de ocio a mi disposición que ni si quiera me da tiempo a saber que están ahí. Al final, todo lo que puedo hacer se resume en la maldita palabra “priorizar”.

La palabra “priorizar” parece haberse convertido en la solución a casi todos los problemas. Jefes, profesores, compañeros, amigos y hasta yo mismo nos pasamos el día recomendado priorizar como si eso fuese la varita mágica que nos salva de este mal de no poder abarcar todo lo que queremos. He dicho maldita palabra porque, en realidad, priorizar no es más que el disfraz amable de otra mucho más negativa: renuncia. Al final es necesario renunciar a muchas cosas que uno quiere. Hay que renunciar a pasar tiempo con las personas con las que te gustaría estar, hay que renunciar a conocer lugares, a escuchar canciones, a ver películas, a leer libros, a trabajar un poco más o a aprender; a hacer un millón de cosas que a uno le gustaría. Y renunciar duele. Sobre todo porque esa facilidad de tener todo al alcance de la mano hace que uno vea lo que se le está escapando.



Hay un refrán que dice que “ojos que no ven, corazón que no siente”. Y eso es exactamente lo que ha cambiado en los últimos años. Antes no sabíamos lo que hacían aquellos a los que no veíamos, no sabíamos que había en otros lugares del mundo, no lo sabíamos todo. Por tanto, cuando nos perdíamos algo, no nos dolía. Pero ahora sí, ahora tenemos la capacidad, al menos teórica, de saberlo todo. Supongo que tener “toda la información del mundo” a tiro de clic compensa, así que, no nos queda otra que dejar escapar muchas cosas. En definitiva, toca priorizar.  



The key is not to prioritize what's on your schedule, but to schedule your priorities. Stephen Covey 

martes, 12 de junio de 2012

De Londres a Dublín: ¡YoY positivo!


Niños, no importa la empresa en la que trabajes: todas ellas siempre miden su éxito, en gran medida, por su evolución de un año contra otro. Es tan complicado medir el valor de un negocio de forma abstracta que siempre es necesario encontrar algo contra lo que comparar los resultados. Y no hay mejor contrario contra el que medirse que uno mismo. Por eso, en cada empresa en la que he trabajado, el famoso indicador YoY (Year on Year, año contra año) resulta fundamental para entender lo bien o mal que están yendo las cosas.

Así que, al más puro estilo empresarial, hoy he decidido que me apetece echar la vista atrás justo un año, a ver cómo va mi YoY.

Un día como hoy, 12 de Junio de 2011, estaba viviendo en Londres. En aquel momento trabajaba para Guinness y recuerdo que tocaba Pereza en un local llamado Scala. Sorpresas de la vida, aquél día tuve que convencer tanto al manager del grupo como a ellos mismos de que su siguiente concierto (y el que sería el último antes de que se separaran) iba a ser en Dublín con motivo del Arthur Guinness Day. Qué bien lo pasé esa noche: aún recuerdo las caras de felicidad de mis amigas Vicky e Inma cuando terminamos en el backstage tomando cervezas con Rubén y Leiva.

El año que pasé en Londres viví en una casa bastante regular, la verdad. Compartíamos sótano  5 personas y solamente teníamos un baño y un minúsculo recibidor que hacía las veces de salón comedor. Ahora, un año después, escribo estas líneas sentado en el sofá de mi casa de Dublín, en la que tengo la gran suerte de vivir yo solito. La verdad es que en esto la mejora ha sido notable.

Aunque he de decir que la experiencia en aquella casa de Lillie Road no fue mala, todo lo contrario: tuve la suerte de convivir durante un año con Jorge y Eva. Dos chicos excepcionales que me sirven de inspiración: se quieren, se apoyan, se cuidan el uno al otro y siempre miran a la vida con valor y con la actitud más positiva. Ahora les va genial y yo que me alegro: se merecen todo lo bueno que les pase. Por muy a gusto que esté en mi nueva casa, les echo mucho de menos.



Además, allí pasaba los días de oficina y las noches de fiesta con los pequeños en tamaño pero grandes en espíritu Manolo y Alex. Sin ellos Londres no hubiese sido lo mismo, ni de lejos. Siempre estaban ahí para sufrir mis idas de olla, apoyarme en mis bajones o reírse con mis tonterías. Ahora también les va muy bien, y, al igual que a Jorge y a Eva, espero que la vida les siga tratando tan bien como merecen.




Dicho esto, la verdad es que en lo que a amistad se refiere no puedo quejarme tampoco; hace apenas un par de meses que llegué a Dublín y ya tengo a un montón de personas que hacen que cada día valga la pena: mi buddy Inés y su infinita paciencia conmigo, la bendita loca de Natalia o el gran campeón de David; ellos y todos los que han gastado un minuto de su tiempo en enseñarme algo, en ayudarme, en escuchar mis historias para no dormir o simplemente en echaros unas risas a mi lado. Por suerte para mí, son tantos que si los nombrase a todos no tendría sitio en una sola entrada de blog. ¡Parece que el YoY no va mal por ahora!

¿Qué me queda? Pues me quedan los que más quiero: mi familia. Hace un año vuestra tía acababa de embarcarse, con mucha valentía, en una nueva aventura: con solo 20 añitos decidió que se iba de casa para estar al lado de la persona que más quiere. A mí y a los abuelos nos dio mucha pena, pero ahora no podemos hacer otra cosa que alegrarnos cada vez que vemos la sonrisa de felicidad que no se le borra de la cara, culpa en gran parte de las excepcionales personas que la rodean y a los que no puedo estar más agradecido por lo bien que tratan a mi hermanita. Sheila, no te lo digo tanto como debería, pero no sabes lo que te quiero y te echo de menos. ¡Qué bien que en menos de un mes estarás por aquí y volveremos a vivir juntos durante un mesecito! Vete armando de paciencia, eso sí.

Vuestros abuelos hace un año estaban a punto de venir a visitarme a Londres y hoy están ya preparando un nuevo viaje a Irlanda. Sé que nos echan de menos, pero al mismo tiempo están muy felices por lo bien que nos va. Yo también los echo de menos, pero por suerte puedo verles a menudo y hablar con ellos cada semana. Niños, ojalá yo pueda daros, como mínimo, lo que he recibido de ellos.

Casi casi he terminado, pero me queda una cosita por repasar. Esa de la que tanto les gusta que hable a las chicas que leen este blog… ¡el amor! Aquí las cosas sí que han cambiado: hace un año me pasaba el día persiguiendo a cualquier chica guapa que pasase a mi lado; eso sí, tan pronto como se acercaban demasiado salía huyendo y trataba de alejarlas de mi vida. ¡Me daba pánico comprometerme! Y hoy, como os conté hace poco, ando enamorado como un adolescente. Ahora soy yo el que está dispuesto a hacer cualquier cosa por una sonrisa que me vuelve loco; lástima que, a ella, le he pillado a contrapié. Pero claro, ¡es que no todo podía ser tan sencillo!

En resumen, estaréis de acuerdo conmigo en qué el famoso año contra año no puede ser más positivo para mí. Como dicen los guiris, habrá que esforzarse por mantener el momentum y que el año que viene por estas fechas las cosas sigan, como mínimo, igual de bien. 

P.D: "Perdón por escribir esta carta tan larga, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta" by George Bernard Shaw

domingo, 3 de junio de 2012

¿qué tienen en común los huevos, las lineas aéreas, los gin tonics, los ordenadores o las salas de cine?


A priori, puede parecer que no mucho; o quizá muchas cosas sin demasiada importancia. Sin embargo, voy a compartir con vosotros una interesante característica que los une a todos: la discriminación de precios.

Veréis, cuando uno empieza a aprender cómo funciona la economía, la ley más básica que explica el intercambio de productos en los mercados es la “Ley de oferta y demanda”. Esta ley dice algo tan sencillo como que los compradores (demanda) estarán dispuestos a comprar más cantidad de un determinado producto cuanto menor sea su precio. Mientras, los vendedores (oferta) actuarán de la forma contraria: estarán dispuestos a vender mayor cantidad de su producto cuanto mayor sea el precio al que consigan hacerlo.

¿Cuál es el problema de esta teoría? Bien, el problema es que si bien el precio de venta fijado supone un punto de equilibrio, lo cierto es que ese precio es “una media” y no coincide con el precio máximo que estará dispuesto a pagar cada cliente: habrá una gran cantidad de compradores que estaban dispuestos a pagar un precio mayor y que ahora se benefician de que el precio de equilibrio fijado sea más bajo. En definitiva, están de alguna forma “ahorrando”. Y es, precisamente ese ahorro, el que ansían cantidad de empresas e industrias en búsqueda de beneficios adicionales. Es ahí donde entra en juego la teoría de  discriminación de precios.

Tomemos el ejemplo de los huevos. ¿Cuánto estoy dispuesto a pagar por una docena de huevos? Seguramente cada comprador tenga una cifra diferente en su mente; por eso, el productor de huevos, ha de intentar sacar el máximo posible de cada uno de sus clientes y no limitarse a un único precio de equilibrio. ¿Cuál es la solución? El famoso código de etiquetado de huevos. Si os habéis fijado, los códigos que aparecen impresos en los huevos siempre empiezan por 1, 2, 3 o 0. Esta numeración fue regulada por la Unión Europea en 2004 y resulta común en todos los estados miembros. ¿Qué significan estos números? Pues el 0 indica que los huevos se han producido en un granja ecológica, el 1 que la cría es “campera” (las gallinas campan a sus anchas por la granja), el 2 indica que las gallinas han sido criadas en el suelo pero su movilidad es algo más reducida y, por último, el 3 indica que las gallinas han sido criadas en jaulas en una forma un tanto más industrial.

¿Hay diferencia entre los huevos provenientes de los diferentes métodos? La realidad, que me explicaba hace poco el padre de mi cuñado, veterinario y experto en la materia, resulta mínima. Seguramente, la gran mayoría de consumidores sería incapaz de percibir los beneficios de uno u otro método. Sin embargo, mi querido Mercadona, se permite el lujo de cobrar 0,80€ más por una docena de huevos tipo “1” respecto de los de tipo “2”.

A estas alturas, seguramente estaréis de acuerdo conmigo en que la diferenciación entre métodos de cría no es más que una forma un tanto sutil de aplicar la discriminación de precios para distintos clientes. Cómo no todo el mundo está dispuesto a pagar lo mismo por una docena de huevos, dar una variedad de opciones con una mínima diferencia permite autoseleccionar a los clientes y maximizar los ingresos que se obtienen de ellos.

Esta es, exactamente, la misma técnica que aplican las compañías aéreas al ofrecer servicios de pago como el acceso rápido al avión o la selección de asiento. O incluso ciertas marcas de ginebra, que se han “inventado” la posibilidad de incluir pepino en sus gin tonics (algo que no aporta mucho al sabor de la copa, más bien al contrario) con tal de permitir a sus consumidores más “pudientes” la posibilidad de pagar más y, a la vez,
mostrarle al resto del bar que ellos están consumiendo un producto más caro. Show off (alardear), que le llaman los ingleses.

Recuerdo que hace no mucho leía la biografía de Alan Sugar; el empresario que dio nombre a la compañía Amstrad (Alan Michael Sugar Trading) que a finales de los años 80 consiguió llenar los hogares europeos de ordenadores personales. Lord Sugar contaba que siempre utilizaba la misma técnica al lanzar un nuevo modelo al mercado: posicionaba la gama básica a un precio accesible, por ejemplo 199 libras, y a la vez una versión con pequeñas mejoras como memoria adicional o un mayor disco duro por un precio de 299 libras. En palabras del propio Sugar: “los clientes acudían a la tienda buscando la opción más barata pero luego se volvían locos por la versión más cara y la terminaban comprando”.

Hace no mucho me encontré con uno de los ejemplos más simples y claros de la teoría de discriminación de precios: los asientos VIP del cine. Resulta que ahora, en determinados cines, se cobran más caros los asientos de un par de filas. Estos asientos se pintan de otro color, muy útil para facilitar el mencionado show off, y se supone que aportan una mayor calidad por estar más centrados. En realidad, es una manera muy sencilla de cobrar 2€ adicionales a aquellos para los que, sorprendentemente, el cine les sigue pareciendo barato.

Así que, simplemente, andaros con ojo. Las grandes compañías están intentando, gracias a la discriminación de precios, aplicar las mismas técnicas que esos famosos regateadores de mercadillo que tratan de averiguar y conseguir el mayor precio posible que estés dispuesto a pagar. La diferencia es que a estos vendedores, al menos, se les ve venir de frente.

lunes, 21 de mayo de 2012

A thing called love


Niños, cuando empecé a escribiros os prometí compartiría con vosotros reflexiones que tengo en mi cabeza, historias que me ocurren o simplemente sensaciones que experimento. Y quiero hacerlo ahora y no esperar a conoceros porque creo que, dentro de unos años, no seré capaz de recordar esas cosas como lo hago ahora. Por eso hoy quiero hablaros de una sensación especial. Es un sentimiento que a veces cuesta describir, pero que cuando aparece es inconfundible. Una vez que se ha sentido, da miedo pensar que tal vez no vuelva a repetirse. A veces pasa el tiempo, y se siente algo similar, pero nunca algo tan intenso; a veces piensas que eres demasiado mayor, que las experiencias que acumulas no te dejan volver a sentir como antes. Incluso comienzas a pensar que es normal que esa sensación no vuelva a inundarte el pecho, y que has de acostumbrarte a vivir con ello. ¿acaso no es consecuencia directa de la madurez? Eso parece.



Es por eso que es tan genial cuando aparece de nuevo; llega sin que te lo esperes, sin que apenas te des cuenta. Pero cuando quieres reaccionar tienes un nudo en el estómago cada mañana, pues lo primero que haces cuando te despiertas es mirar a tu lado y ver que esa persona que se ha colado en tus sueños toda la noche no está contigo. Comienzas el día como un adolescente pensando si hoy la verás o no, dudando qué ropa ponerte o cómo peinarte por si acaso te la encuentras. Pasas el día dudando si decirle algo o no hacerlo; realmente no tienes nada que contarle, solo te apetecería decirle que lo darías todo por estar con ella; pero sabes que no debes hacerlo y continúas pretendiendo que su presencia te resulta simplemente agradable.

Sin que puedas prepararte pierdes del todo la racionalidad; esos consejos que das a otros de pronto carecen de sentido. En el fondo sabes que no deberías actuar así, que deberías pensar con la cabeza fría y ser racional. Sabes que si quieres conquistarla es mejor hacerse de rogar y conseguir que sea ella la que se interese por ti. Quieres ser capaz de controlarte. Pero no puedes. No puedes porque no eres capaz de sacarla un minuto de tu cabeza, porque no puedes evitar soñar despierto y hacer planes que serán geniales solo porque los haréis juntos. Sientes que se te acelera el pulso y se te clavan los nervios, tanto que te cuesta incluso respirar.

Llega a hacerte daño. Por eso tratas de evadirte, buscas en la compañía de otros un momento de respiro. Tratas de centrar tu mente en el trabajo, en el deporte o en tus amigos. Pero no puedes; no puedes evitar que cada sonrisa que ves, cada canción que escuchas o cada perfume que hueles te recuerde a ella. Es imposible sacarla de tu mente cuando la tienes enredada en el alma.

Lo peor de todo es que sabes que te va a doler; eres consciente de que por mucho que quieras no eres capaz de hacer que ella sienta eso que tu sientes. Pero no te importa; te aferras con fuerza a la mínima posibilidad de que eso que sueñas cada noche y cada día acabe siendo realidad. No quieres pensar con lógica, tu cabeza ha perdido el poder de convicción y tu corazón anda a sus anchas eligiendo lo que hacer en cada momento.

Y niños, os he de advertir que, la mayoría de las veces, esa sensación es sólo el preludio de mucho dolor, de noches sin consuelo y de horas de tristeza. Pero, aún y así, merece la pena intentarlo; vale la pena arriesgarse y poner tu corazón en las manos de alguien que no lo ha pedido. ¿ creéis que estoy loco? Es posible. Pero si alguna vez sentís lo que acabo de describir y tenéis la inmensa suerte de despertar una mañana y encontrar sus ojos clavados en los vuestros; si sois capaces de dibujarle una sonrisa con un beso y hacerle sentir un escalofrío con una caricia. Si alguna vez sois tan afortunados de sentir eso...entenderéis que no hay absolutamente nada mejor que estar enamorado.


lunes, 14 de mayo de 2012

¿mentir o no mentir? Esa es la cuestión.


Groucho Marx solía decir algo así como: “la sinceridad es la clave de los negocios. Cuanto mejor la finjas, mejor te irá en ellos”.


He de reconocer que la frase me encanta y que yo, personalmente, he hecho uso de esa “sinceridad fingida” en multitud de ocasiones; casi siempre con buenos resultados. Por eso no seré yo quien os diga que nunca mintáis. Hay situaciones en las que es bueno. Una de ellas, por ejemplo, es cuando le ocultas un problema o algo malo a alguien que, de conocer la verdad, va a sufrir por ello sin poder remediarlo. Es lo que alguna vez he hecho con vuestros abuelos cuando he tenido problemas en los que sabía que no podían ayudarme y, sin embargo, les habría hecho pasarlo mal de
haberlos compartido.




Otra situación en la que alguna mentirijilla no hace daño es al ligar. Veréis: a las chicas normalmente les abordan los chicos de las formas más aburridas que os podáis imaginar: “Hola, ¿Cómo estás? ¿Sales siempre por aquí? ¿Dónde trabajas? ¿Cómo te llamas? ¿Qué vais a hacer luego”. Joder, la pobre chica sale a divertirse, no a que la interroguen. Eso sí, si estás cuadrado y a la niña le gustas, puedes decir lo que te dé la gana que te dará juego. Pero sino, como es mi caso, pues más te vale currártelo un poco. Es ahí donde entran en juego las mentiras, o, mejor dicho, el arte de flirtear.



Niños: no se aún vuestro sexo, pero seguro que ambos le sacáis algo de utilidad a mi “truco” de ligoteo favorito. Cuando quiero ligar en un bar, me acerco a un grupo de chicas, preferiblemente con el móvil en la mano, y con cara de preocupado. Y les digo, con la misma importancia que cuando doy los buenos días en un ascensor, que necesito consejo femenino: resulta que había quedado con un amigo y me está dando plantón; parece ser que su novia ha encontrado una caja con fotos y recuerdos de las ex-novias de mi amigo y se ha puesto como loca. Total, que ahí están, discutiendo y mi amigo pidiéndome consejo a través del móvil. Les digo a las chicas que creo que la novia de mi amigo no tiene razón para ponerse así y que él debería pasar de ella y venirse al bar conmigo, pero que quiero saber su opinión por si tal vez estoy siendo muy egoísta. Os aseguro que, el 99,9% de las veces, alguna chica del grupo entra al trapo. Y lo más normal es que pronto se monte una conversación entre ellas para ver si ellas se enfadarían o no en una situación similar. Ya lo tenéis: habéis entablado conversación con un grupo de chicas que están súper entretenidas y, sobre todo, no creen que quieras ligar con ellas. Encima, ya que tu amigo te está dando plantón, ya tienes la excusa perfecta para quedarte a charlar con ellas. A partir de ahí, todo cuesta abajo.  

Hace algunos meses conocí de esta manera a una chica, hoy amiga mía, que la primera vez que salimos a cenar me preguntaba qué tal le iba a mi amigo con su novia. Al principio no sabía de qué me estaba hablando, y luego, entre risas, tuve que confesarle que había sido todo una técnica para conocerla. Dio resultado.

Así que ya veis que no creo que la mentira sea algo malo en sí misma, simplemente hay que saber cuando usarla. Sin embargo; hay un par de situaciones en las que os recomiendo que seáis tan sinceros como podáis: las entrevistas de trabajo y al conocer a alguien que os importe de verdad. En ambos casos es muy fácil caer en la tentación de tratar de decir lo que crees que la otra persona quiere oír. La recompensa es muy grande, bien sea el trabajo o el amor, y se suele desear con tanta fuerza que al final uno comete el grave error de pensar solo en el beneficio a corto plazo.

Mentir es fácil. Es muy sencillo pretender ser alguien que no eres y pasar una primera criba, consiguiendo con ello lo que quieres. Pero claro: ¿y después qué? Pues después ocurre que, o bien acabas sufriendo el vivir una vida de mentira, tratando de ser quien no eres en realidad, o bien acabas siendo tu mismo y decepcionando a la otra parte, que se sentirá engañada y defraudada.

Así que, por mí, no hay problema en que mintáis. Eso sí, escoged bien cuando hacerlo. ;-)

jueves, 3 de mayo de 2012

Me molo a mi mismo


Niños, si os digo cosas como “bo que pacha”, “culebras”, “ese cuerpo, tener potencia...” o el título de esta entrada “me molo a mí mismo” seguramente no le encontreis ningún sentido. Sin embargo, a casi todos aquellos que nacieron antes del 85, se les pondrá una sonrisa en la cara al recordar un genial programa de televisión llamado “El Informal”.

Entre mis 13 y 17 años, la ahora decrépita Telecinco emitió este programa diariamente. Yo, como casi toda mi generación, nos partíamos de risa con los videos doblados por Florentino Fernandez, Javier Capitán y Micky Nadal. Y, además, los chicos, nos volvímos locos por Inma del Moral primero y Patricia Conde después. ¿qué por qué os cuento todo esto? Pues por dos cosas que no tienen nada que ver la una con la otra.

La primera, es que me he dado cuenta de lo importante que es tener un pasado común a la hora de encontrar afinidad con los demás: cuando vives rodeado de gente venida de todas partes del mundo, por muy buenos amigos que puedas hacer de otros países, siempre acabas encontrando algo más de complicidad con aquellos que crecieron compartiendo risas, juegos, noticias o modas. Resumiendo: que llegas a Irlanda, conoces a muchísima gente nueva, y puedes decirle “no puedorrrr” a cualquier español con que te encuentres que seguro que acabais compartindo una sonrisa.

La segunda, y que creo que os puede aportar algo más, es la que tiene que ver con el título: sentirse a gusto con uno mismo resulta fundamental para encontrar el éxito.

Veréis, durante los últimos años he tenido la suerte de poder conocer,  bien en persona o bien a través de biografías o artículos, a multitud de líderes de negocios. Líderes que, mejores o peores, han alcanzado el máximo éxito profesional. Al conocerlos o estudiarlos siempre he tratado de extraer el máximo común divisor entre todos ellos; esa característica que todos tienen en común. Y la verdad, solo he encontrado un par de ellas que todos parecen compartir.

La primera, referida a lo que se conoce como el perfil duro, es el haber vivido en multitud de situaciones diferentes: distintos países, distintos idiomas, distintas situaciones de negocio o incluso áreas. La experiencia que genera enfrentarse a las más diversas situaciones es sin duda un plus para llegar a lo más alto.

La segunda, y para mí más curiosa, es la tremenda confianza en si mismos que desprenden todos los grandes líderes. Todos ellos suelen tener grandes egos; transmiten confianza a los demás simplemente mostrándose terriblemente convencidos de que sus visiones son las correctas. Incluso, el gran Steve Jobs, era famoso por su “reality distortion field”, una capacidad para autoconvencerse a sí mismo y a los demás de que la realidad era cómo el la imaginaba y no como era en realidad. Así, y solo así, era capaz de llevar a sus equipos a conseguir lo imposible, a alcanzar metas que ni si quiera podían imaginar.

Por ello, resulta fundamental encontrar el equilibrio necesario para poder primero interiorizar esa confianza y contagiar con ella a los demás, para estar seguro de uno mismo y hacerlo notar. En definitiva, para “molarse a uno mismo”.

Otro día compartiré con vosotros cómo trato de manejar yo mismo eso de la autoconfianza y la seguridad que transmito a los demás. Pero como hoy ya va siendo hora de cerrar, os dejo echaros unas risas con algunos grandes momentos de “El Informal”.


viernes, 27 de abril de 2012

De aquí a tres años


Niños, como sabéis este blog se inspira de alguna forma en la serie “Cómo conocí a vuestra madre”. Soy un gran fan de la serie desde hace años y, aunque su nivel va bajando, aún me sigue gustando. De hecho, acabo de ver uno de sus últimos capítulos, llamado “Trilogy Time”. En el, los personajes de la serie, se reúnen cada tres años a ver la trilogía de la Guerra de las Galaxias y a tratar de adivinar cómo será su vida dentro de tres años.



En las empresas, es muy normal que en los planes de desarrollo personal nos pidan rellenar un apartado de aspiraciones en el que tratemos de describir hacia donde nos encaminamos en el medio o largo plazo. Pero lo cierto es que no siempre encuentra uno el momento para pensar cómo espera que sea su vida dentro de tres años. Así que yo, aprovechando a que tengo a mis padres durmiendo y que estoy disfrutando de mi recién estrenado sofá, voy a tratar de jugar a futurólogo.



Ya os he contado que acabo de empezar una nueva etapa personal y profesional con Google en Dublín; espero que en tres años desde ahora siga trabajando en la misma empresa y tan feliz y contento como estoy ahora. Sin embargo, no tengo tan claro que siga viviendo en Dublín. Estoy seguro de que podré ser feliz aquí, pero no crea que este sea el sitio donde hacer mi vida para siempre. Si en tres años sigo en esta isla, seguro que estaré pensando en dar un nuevo salto.

¿dónde quiero estar entonces? Lo cierto es que no lo sé. Siempre me ha atraído Estados Unidos; me gustan la idea de explorar otros continentes como Sudamérica o Asía, pero lo cierto es que volver a casa tampoco sería una mala idea. Por mucho que uno pueda adaptarse al mundo, es cierto que he crecido bajo un entorno en el que me siento especialmente cómodo, así que no me importaría volver a casa en algún momento.

La siguiente pregunta, por tanto, es el cuándo; cuándo volver a casa. Sin embargo, la respuesta depende de otra pregunta para mí más importante: ¿con quién?. Tengo claro que aún soy muy joven, y por tanto, no pienso limitarme y perderme las oportunidades que el mundo me ofrezca. Pero lo cierto es que el tiempo va pasando y, en tres años, tendré 30. Dado que siempre he querido formar una familia (de lo contrario no tendría sentido que os escribiese) puede que entonces sea el momento de empezar a pensar en ello.

Dicho esto, tengo que volver a la pregunta clave: ¿con quién? ¿con quien emprender esa aventura de formar una familia? Pues es una pregunta de difícil respuesta. Al menos, según va pasando el tiempo, voy teniendo cada vez más cosas claras. Con el tiempo voy aprendiendo a ver con nitidez qué es lo que quiero y también lo que no quiero.

Quiero que vuestra madre sea una mujer valiente, decidida, sin miedo a comerse el mundo cuando la oportunidad se le presente. Quiero que me quiera como soy, sin necesidad de esconder mi lado más estúpido o espontáneo. Es un requisito obligatorio que le guste viajar y que tenga una actitud positiva ante la vida: tengo comprobado que a la gente que tiende a ver el vaso medio vacío se le termina vaciando. Me gustaría que fuese cariñosa, romántica y poco materialista, además de inteligente. Pero, sobre todo, vuestra madre ha de ser una persona a la que admire profundamente y me haga sentir orgulloso de poder compartir con ella mi vida.

Claro, cómo ya os conté anteriormente (http://comovoyaconoceravuestramadre.blogspot.com/2012/01/limon-o-ciruela.html) no resulta nada sencillo encontrar todo lo que pido. De hecho, a veces me pregunto si pido demasiado. Además, la cosa se complica aún más cuando introducimos el factor tiempo y las circustancias en la búsqueda. ¿encontrar una mujer así, a la que yo le guste, y con todas las circunstancias a favor? Llamadme iluso, o incluso llamadme Ted Mosby, pero nadie va a robarme la ilusión de que eso suceda en los próximos tres años. Deseadme suerte.