martes, 13 de agosto de 2013

A quién planifica, y madruga, Dios le ayuda

Hola niños. Os escribo desde un avión mientras sobre vuelo el mediterráneo de camino a casa para pasar unos días más antes de volver al gris Dublín.

Cómo siempre me quejo de que no tengo tiempo de contaros cosas, y ahora tengo un rato largo mientras viajo (me estoy acostumbrando a esto de ser multi-tasking), os voy a contar algunas cosas sobre los viajes en general y la isla de Mallorca en particular.

Veréis, mis amigos suelen meterse bastante conmigo por lo mucho que planeo los viajes: antes de viajar, me encanta recopilar información sobre todo aquello que tenga que ver con mi destino. A veces, lo hago incluso para viajes que aún no tengo claro que vaya a hacer. ¿Por qué lo hago? Pues principalmente porque me gusta y me relaja. Viajar es sin duda mi mayor pasión y si lo uno a mi afición a tener las cosas bajo control, heredada de mi padre, pues la planificación de viajes me viene como anillo al dedo. De hecho, me pregunto: ¿se podrá uno ganar la vida de travel planner? Si hay wedding planners, no sé por qué no podría triunfar la profesión de organización de viajes.

En fin, el caso es que mis amigos se suelen cachondear del hecho de que haga planes en los que recojo todo aquello que me gustaría ver, la información básica para hacerlo (rutas, horarios, precios) y encima lo organice todo según los días y el tiempo disponible. Lo cierto es que lo hago hasta el punto de poner cosas como “Domingo, tarde libre” que tanta gracia le hizo a mi amiga Elisa antes de venirme a Mallorca.

Reconozco que obsesionarse en vacaciones con una agenda no es precisamente lo más sano, por eso le aplico a esos planes algo que resulta fundamental en muchos aspectos de la vida: la cintura. Algo así como lo que hace el GPS cada vez que te saltas una salida: recalcular. Aunque lo tengo todo previsto, me dejo margen para seguir aquello que me apetezca en cada momento; no tengo problema en reorganizar todo en un momento y cambiar las ideas sobre la marcha. Eso sí, sigo defendiendo que planificarse antes de viajar vale mucho la pena.

Por ejemplo, vale la pena empaparse en foros como el de LosViajeros y descubrir que la compañía de alquiler de coches Hiper Rent a Car funciona fenomenal y te permite ahorrar unos 300€ respecto a Europcar o Hertz; y que además no da los quebraderos de cabeza que sí provocan otras reinas del low cost como Goldcar.

Además, te permite conocer playas tan espectaculares como Es Trenc, S’Amarador o S’Almunia en un solo día, además de una comida espectacular en el restaurante “Pura Vida” de Cala Figuera con maravillosas vistas a La Cabrera. ¿Qué eso se puede hacer sin planificarse tanto? Sí, claro que se puede. Que se lo digan a los “viva la vida” que decidieron llegar a Es Trenc un poco más tarde que nosotros: más de una hora de espera insoportable en el coche para poder entrar a un parking abarrotado.

Playa de Es Trenc, Campos, Mallorca


Además, en esta semana me han encantado pueblitos como Cala Ratjada o Deiá, playas como la de Muro, las dunas de Cala Mesquida o la tranquilidad de la Cala Romántica. A la vez, me han decepcionado playas descuidadas como la de Sa Calobra y otras explotadas en exceso (y no por ello mejor cuidadas) como la de Formentor, donde el hotel Barceló se apodera de la playa y la hace accesible sólo previo pago de un desmesurado impuesto revolucionario en forma de parking.

En fin, sé que mis amigos se seguirán metiendo conmigo por mis planificaciones, pero mientras siga disfrutando haciendo mis planes y luego llevándolos a la práctica, creo que lo voy a seguir haciendo. Os recomiendo lo mismo ;-)

Cómo decía mi personaje favorito del Equipo A al final de cada capítulo:
"Me encanta que los planes salgan bien"


domingo, 11 de agosto de 2013

Vacaciones

Hola niños,

¿qué tal lo lleváis? La última vez que os escribí estaba a punto de irme a Las Vegas. Ha pasado mucho tiempo, más de 3 meses, y la verdad es que tendría que haberos escrito antes.

No lo he hecho porque, como os apuntaba en mi entrada anterior, últimamente no tengo tiempo ni de seguir mi propia vida. Todo va demasiado deprisa: un viaje a Las Vegas y al Gran Cañón, otro a la Riviera Maya en Méjico, una escapada a Amsterdam y un par de viajes a Madrid para asistir a un par de bodas han sido lo más destacado de mi vida desde esa última entrada a finales de Marzo. El resto, ha sido mucho trabajo. 

Ahora, al fin, he encontrado el tiempo, las ganas y la motivación de volver a escribiros. Podría contaros muchas historias y reflexiones de todos estos meses y, especialmente, de los viajes; pero sería un tanto egoísta por mi parte prentender poneros al día de una sola vez. Así que, cómo mientras os escribo estoy disfrutando de unas merecidas vacaciones en Mallorca, voy limitarme a una idea bastante sencilla: ¡qué bien se está de vacaciones! (y no es que quiera daros envídia, pero la foto muestra justo lo que veo en estos momentos)



Supongo que no os resultará para nada sorprendente semejante afirmación, así que voy a elaborarla un poco. Cuando estoy de vacaciones es cuando encuentro tiempo para hacer lo que de verdad me pide el cuerpo. Normalmente, mi día a día se rige por obligaciones; no solo aquellas derivadas del trabajo, sino también sociales: hay que ir a una despedida, a un cumpleaños, a una boda, a una simple comida. Al final, todo "hay que hacerlo" por algún motivo. Sin embargo, en vacaciones, en esos pequeños días que uno se concede cada año, te puedes permitir el lujo de hacer simplemente lo que te apetezca, es algo impagable. 

A mí una de las cosas que más me suele apetecer estando de vacaciones es leer. Pero leer porque sí, no porque crea que es importante cómo hago normalmente al leer libros que prometen descubrir las claves para asegurar el éxito profesional. En apenas una semana que llevo en Mallorca, me he devorado un thriller legal (The Litigators, John Grisham) sin muchas pretensiones que me ha tenido enganchado casi todo el tiempo que he pasado en la playa, a la vez que me ponía moreno. Para que luego digan que los hombres no somos capaces de hacer varias cosas a la vez. 

Bromas a parte, la verdad es que en las vacaciones es cuando tengo tiempo de encontrarme conmigo mismo, de preguntarme si soy feliz o de cómo puedo serlo más. Por suerte, mi situación es privilegiada: empezando porque tengo un puesto de trabajo que me permite disfrutar de vacaciones como estas y siguiendo porque además cuento con la más agradable compañía. Sin embargo, no puedo dejar de pedirle más a la vida y por eso me doy cuenta de lo que más hecho en falta: tiempo. Tiempo para escribiros más, para no tener que esperar a escaparme a la playa para poder leerme un libro, tiempo para hacer lo que me pida el cuerpo más a menudo y menos lo que me pida la responsabilidad.

Me planteo incluso si es el momento de dejar la vida esclava del trabajo en una gran empresa; si quizá sea ya tiempo de perseguir mi propio sueño. Quienes me conocen saben bien que ideas no me faltan pero creo que sigo sin reunir el valor o la locura suficientes para hacerlo. Así que me conformo con disfrutar del sabor de estos días en el Mediterráneo, me hago propósito de enmienda y me prometo a mi mismo que cuando esté de vuelta en mi frenética rutina seré capaz de encontrar tiempo para hacer deporte, para leer y hasta para aprender algo de alemán, mi próximo reto. La experiencia me dice que seguramente no lo consiga, que lo más probable es que ese maldito work-life balance, o más bien su ausencia, me impidan encontrar el tiempo para sentirme tan bien como ahora mismo; así que, por ahora, me conformo con esta brisa que disfruto me impulse hasta las próximas vacaciones.