sábado, 9 de febrero de 2013

La importancia de afilar la sierra


¿Qué tal niños? Espero que no me hayáis echado mucho de menos. Últimamente, para variar, he estado muy liado. Cuando volví a Dublín tras las vacaciones de Navidad, creí que no iba a poder con todo. Casi me hundo. Pero al final, y gracias a haber afilado la sierra, he transformado una serie de retos complicados en grande éxitos. Os cuento.

Estas navidades aproveché para juntar muchos días en casa; viviendo fuera es complicado ver a todas las personas que quieres ver y mantener el contacto. Por eso estas pasadas fiestas me esforcé todo lo posible en ver a todos mis amigos y en pasar tiempo con la familia. A pesar de estar más de tres semanas consecutivas intentándolo, no hubo manera de ver a todo el mundo. Además, pasé mucho tiempo haciendo algo que me “encanta”: ir de compras. Lo odio. No comprar cosas, que eso es diferente: consiste en ir a buscar algo que quieres y comprarlo, simple. Eso sí me gusta. Pero “ir de compras” entendido cómo desperdiciar horas de tu vida mirando, remirando y sin terminar de comprar nada... eso es una tortura.


Total, que entre unas cosas y otras acabé de vuelta en Dublín con la sensación de no haber aprovechado las vacaciones, de no haber descansado. Al final, cambié el estrés del trabajo por un estrés auto-impuesto y más divertido pero igual de agotador. Y, como consecuencia, mi primera semana en Dublín fue un desastre. No veía el momento de que llegase el viernes, no daba pié con bola y encima me hundía día a día ante los retos que iban surgiendo.

Entonces, tiré de manual, y recuperé uno de los mejores libros que he leído en mi vida y que he de agradecer a algún antiguo jefe y amigo por descubrirmelo: “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”,  de Stephen R. Covey, quién falleció este pasado 2012. En él, se describen 6 prácticas muy recomendables para alcanzar el éxito en la vida, pero esta vez me fui directo a por el séptimo hábito: afilar la sierra. Este hábito se basa en algo que suena bastante sencillo: si tu sierra está desafilada, será mejor invertir algo de tiempo en volver a afilarla y luego seguir cortando árboles. Al final, recuperarás pudiendo cortar más rápido el tiempo empleado en afilar la hoja.


Según Covey, esta renovación se basa en cuatro factores: físico, mental, emocional y espiritual. A mí no me hizo falta meditar, ni realizar ejercicios complejos: todo un fin de semana de no hacer nada, pasando de la cama al sofá y del sofá a la cama. Escuchando a mi cuerpo y no a mi consciencia. Algo tan simple como eso, me puso las pilas.


Y ahora, tras esa primera semana, me siento pletórico. En el último mes, me he cambiado de casa con la de trámites, complicaciones y esfuerzos que eso implica; eso sí, el esfuerzo ha compensado: ahora no solo vivo en una casa estupenda en el centro de Dublín, sino que además la comparto con la persona a la que más quiero y más admiro en mi vida. Un lujo. 


Pero además de eso, he elevado bastante mi rendimiento en el trabajo; me he vuelto a sentir a gusto y he podido sacar adelante muchas iniciativas. La última, esta semana, pasando una semana entera contribuyendo a transformar el negocio de uno de mis clientes y ayudándoles a prepararse para los retos de un futuro digital que se nos ha presentado delante sin avisar. Y ha sido un exitazo. No digo que haya sido capaz de hacer todo eso gracias a pasarme un fin de semana en el sofá; pero lo cierto es que no habría podido conseguirlo sin hacerlo. 

Niños: afilar la sierra de vez en cuando, compensa.


"Dame seis horas para talar un árbol y pasaré las primeras cuatro horas afilando el hacha." Abraham Lincoln.

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