Hola niños, ¿qué tal estáis? Yo sigo como siempre, con apenas tiempo de seguir el ritmo de mi propia vida. Aunque hoy no puedo quejarme: os escribo desde la cama, a apenas unas horas de subirme a un avión rumbo a Las Vegas. Muchas horas de vuelo y una escala en Philadelphia me separan de la ciudad del pecado. No obstante, sobre mis aventuras en el Strip, mi road trip por el Gran Cañón, mi vuelo en helicóptero, etc. os hablaré a la vuelta. O tal vez no, ya se sabe que lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas.
Hoy os quiero hablar de las cosas que menos me gustan del país que justo desde hace hoy un año es mi país de residencia. Resumiendo, Irlanda me parece un país lamentable. Francamente. Si habláis con gente que ha estado aquí estudiando, de Erasmus o aprendiendo inglés os dirán seguramente que es un sitio genial, con mucho ambiente para salir y con gente muy maja y hospitalaria. Eso seguramente es cierto. El problema es todo lo demás.
Veamos, por un lado el clima es algo que condiciona el país de manera definitiva. La mejor palabra para describirlo es “desapacible”. Lo peor, es que es así de forma constante; uno puede entender que los inviernos sean duros... pero en casi cualquier país del mundo, por muy al norte que esté, hay estación de verano. Aquí no. Aquí el tiempo es constamente horrible. Sin ir más lejos, este año hemos recibido a la primavera con cuatro días seguidos de nieve, viento y temperaturas máximas de 3 o 4 grados. Ahora bien, el tiempo no es responsabilidad de los irlandeses. Lo que sí lo es es construir casas que no aislan del frío o haber decidido prescindir del básico y efectivo concepto de la “contraventana”. Aquí, creo que disfrutan pasando frio.
Pero dejando el clima a un lado, el país no mejora mucho, la verdad. Este es un país bastante deshabitado. Para que os hagáis una idea, en España donde tenemos zonas casi desérticas y despobladas, la densidad de población es de 93 habitantes por kilómetro cuadrado. Aquí, en Irlanda, la densidad es bastante inferior: 67 habitantes por metro cuadrado. Además, esos 67 habitantes por metro cuadrado son de los peores. Me explico: ahora mismo, unos 3 millones de Irlandeses viven fuera del país. Se calcula que más de 100 millones son los que han emigrado en la conocida como “diáspora irlandesa” que comenzó después de 1840. ¿y quienes se han ido? Pues en gran medida, como tristemente sucede hoy en día en España, los mejor preparados. Aquellos que tenían más a ganar fuera del país que dentro. Por tanto, entre que los que quedan apenas pueblan el país y que no son precisamente los mejores, este país es un pequeño desastre.
A día de hoy, lo peor de Irlanda son los servicios públicos: la sanidad es penosa además de cara; los bancos funcionan con retraso respecto a su tiempo; el comercio sigue cerrando a las 6 cada día y las carreteras dan verdadero miedo. Lo peor es que esto no es flor de un día: el pueblo irlandés apuntaba maneras desde hace mucho. Entre 1845 y 1849 se produjo lo que se conoce como “la gran hambruna irlandesa”; durante ese período, debido a las políticas abusivas impuestas por el Reino Unido que antes les había conquistado (normal, por otra parte), se calcula que murieron en Irlanda más de dos millones de personas debido a la escasez de patatas. Una pena, sin duda. Pero algo bastante curioso teniendo en cuenta que Irlanda... es una isla. Una isla en la que el pescado, además de calidad, abunda. Sin embargo, ni entonces ni ahora han sido los irlandeses amigos del pescado. Puedes pasear el centro de Dublín de arriba abajo cuantas veces quieras y no verás una pescadería. Cuanto menos, curioso.
En lo que sí son buenos, aunque tampoco los mejores ya que la República Checa les supera, es en consumo de cerveza. Pese a lo caro del alcohol, normalmente beben sin medida. Es clásico encontrar las calles llenas de borrachos y las aceras sufriendo las consecuencias. En Irlanda no todo es malo, por supuesto también hay cosas buenas. Pero esas os las contaré otro día.


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