domingo, 11 de agosto de 2013

Vacaciones

Hola niños,

¿qué tal lo lleváis? La última vez que os escribí estaba a punto de irme a Las Vegas. Ha pasado mucho tiempo, más de 3 meses, y la verdad es que tendría que haberos escrito antes.

No lo he hecho porque, como os apuntaba en mi entrada anterior, últimamente no tengo tiempo ni de seguir mi propia vida. Todo va demasiado deprisa: un viaje a Las Vegas y al Gran Cañón, otro a la Riviera Maya en Méjico, una escapada a Amsterdam y un par de viajes a Madrid para asistir a un par de bodas han sido lo más destacado de mi vida desde esa última entrada a finales de Marzo. El resto, ha sido mucho trabajo. 

Ahora, al fin, he encontrado el tiempo, las ganas y la motivación de volver a escribiros. Podría contaros muchas historias y reflexiones de todos estos meses y, especialmente, de los viajes; pero sería un tanto egoísta por mi parte prentender poneros al día de una sola vez. Así que, cómo mientras os escribo estoy disfrutando de unas merecidas vacaciones en Mallorca, voy limitarme a una idea bastante sencilla: ¡qué bien se está de vacaciones! (y no es que quiera daros envídia, pero la foto muestra justo lo que veo en estos momentos)



Supongo que no os resultará para nada sorprendente semejante afirmación, así que voy a elaborarla un poco. Cuando estoy de vacaciones es cuando encuentro tiempo para hacer lo que de verdad me pide el cuerpo. Normalmente, mi día a día se rige por obligaciones; no solo aquellas derivadas del trabajo, sino también sociales: hay que ir a una despedida, a un cumpleaños, a una boda, a una simple comida. Al final, todo "hay que hacerlo" por algún motivo. Sin embargo, en vacaciones, en esos pequeños días que uno se concede cada año, te puedes permitir el lujo de hacer simplemente lo que te apetezca, es algo impagable. 

A mí una de las cosas que más me suele apetecer estando de vacaciones es leer. Pero leer porque sí, no porque crea que es importante cómo hago normalmente al leer libros que prometen descubrir las claves para asegurar el éxito profesional. En apenas una semana que llevo en Mallorca, me he devorado un thriller legal (The Litigators, John Grisham) sin muchas pretensiones que me ha tenido enganchado casi todo el tiempo que he pasado en la playa, a la vez que me ponía moreno. Para que luego digan que los hombres no somos capaces de hacer varias cosas a la vez. 

Bromas a parte, la verdad es que en las vacaciones es cuando tengo tiempo de encontrarme conmigo mismo, de preguntarme si soy feliz o de cómo puedo serlo más. Por suerte, mi situación es privilegiada: empezando porque tengo un puesto de trabajo que me permite disfrutar de vacaciones como estas y siguiendo porque además cuento con la más agradable compañía. Sin embargo, no puedo dejar de pedirle más a la vida y por eso me doy cuenta de lo que más hecho en falta: tiempo. Tiempo para escribiros más, para no tener que esperar a escaparme a la playa para poder leerme un libro, tiempo para hacer lo que me pida el cuerpo más a menudo y menos lo que me pida la responsabilidad.

Me planteo incluso si es el momento de dejar la vida esclava del trabajo en una gran empresa; si quizá sea ya tiempo de perseguir mi propio sueño. Quienes me conocen saben bien que ideas no me faltan pero creo que sigo sin reunir el valor o la locura suficientes para hacerlo. Así que me conformo con disfrutar del sabor de estos días en el Mediterráneo, me hago propósito de enmienda y me prometo a mi mismo que cuando esté de vuelta en mi frenética rutina seré capaz de encontrar tiempo para hacer deporte, para leer y hasta para aprender algo de alemán, mi próximo reto. La experiencia me dice que seguramente no lo consiga, que lo más probable es que ese maldito work-life balance, o más bien su ausencia, me impidan encontrar el tiempo para sentirme tan bien como ahora mismo; así que, por ahora, me conformo con esta brisa que disfruto me impulse hasta las próximas vacaciones. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario