Niños, mañana es un día especial. No sólo porque es el día en el que, si has sido bueno durante el año, vienen los Reyes Magos, sino porque hace justo dos años que comencé a escribiros. En aquél momento vivía en España, sin tener del todo seguro el futuro que me esperaba. Ahora, que vivo en Irlanda, el día de Reyes supone el final de una larga estadía en casa. La verdad es que da algo de pereza volver a irse, sobre todo por aquello de tener que trabajar de nuevo, pero por otro lado es un alivio que termine el frenesí que suponen estos días, especialmente cuando estás aquí de visita.
Las fiestas de navidad son un una consecución de compromisos sociales: cenas familiares y quedadas con amigos con los que "ponerse al día" ocupan la mitad del tiempo. La otra mitad, sin embargo, hay que dedicársela a algo si cabe más tedioso: ir de compras.
Veréis, en esta época en qué vivimos nos encontramos en plena transición desde las tradicionales compras offline, a la nueva era del comercio electrónico. Existen ya grandes retailers online como Amazon que permiten comprar prácticamente cualquier cosa, con unos precios imbatibles y, además, asegurando la recepción de los pedidos al día siguiente a la compra; en definitiva, una maravilla.
Es curioso que en esta época de transición hay distribuidores como el grupo alemán Metro, que tienen marcas puramente online con las que trabajan en paralelo a las marcas offline. Los alemanes, a través de la publicidad, tratan de convencernos de que lo inteligente es comprar en sus almacenes Media Markt cuando, al mismo tiempo, ofrecen mucho mejores precios a través de su marca online, Redcoon.
Pese a todas las ventajas de la compra online, por algún extraño motivo, aún nos gusta seguir comprando en tiendas físicas. La verdad, no se explicaros muy bien por qué, puesto que son casi todo desventajas. Lo primero, conseguir llegar a los centros comerciales y, aparcar en ellos, supone toda una odisea en estos días. Además, las aglomeraciones provocan que la experiencia de compra sea de todo menos agradable, por no hablar de las roturas de stock y las interminables búsquedas de productos agotados. Sin embargo, lo peor de comprar en tiendas físicas no son los villancicos machacones que repiten sin parar, no: ¡lo peor es haber probado ya el placer de comprar online!
Veréis, el otro día acompañé a mi madre a un hipermercado Alcampo. Quería comprar un simple adaptador de cable usb. Sí, ya se que en vuestra época eso de usar cosas con cables es "moda vintage", pero en nuestro tiempo no hay cacharrito que se precie sin puerto usb. El caso es que para comprar algo tan simple como esto, pasé un rato bastante complicado. Lo primero, porque cuando uno se enfrenta al lineal de productos observa varias opciones y no entiende las diferencias entre ellas. Miras los diferentes packagings o marcas y tratas de evaluar cual sería la compra más eficaz dentro de todo el surtido de precios. Esto, en sí mismo, ya es una tortura en comparación con las opciones que ofrecen las tiendas online, en las que puedes apoyar tu decisión en comparativas de características técnicas, opiniones de otros usuarios, etc. Además, por si eso no fuese poco, cuando por fin has elegido el artículo que te parece mejor te ataca una duda existencial: ¿y si en otro sitio es más barato? Lo que comprando por internet supone abrir un par de pestañas más en tu navegador, en el mundo offline implica gastar una cantidad ingente de gasolina y tiempo para comprobar el precio en otros establecimientos.
Es en ese momento de angustia cuando el efecto "ROPO" (Research Online, Purchase Offline) se hace fundamental. Este es un término de obligada inclusión en las presentaciones de cualquier gurú de la distribución digital que se precie hoy en día y trata de explicar ese curioso efecto por el cual los consumidores utilizan la red para comparar productos e informarse sobre ellos y, luego, acuden a la tienda física para realizar la compra.
Como yo no había hecho mis deberes antes de enfrentarme al temible lineal, no tuve más remedio que tirar de 3G y tratar de conseguir la información que necesitaba desde mi móvil. La imagen de un cliente usando el móvil desesperadamente mientras evalúa opciones de compra es de lo más habitual; lo curioso es que, justo en este tipo de tiendas la conexión móvil suele ser horrible... ¿casualidad?.
Total, que al final uno se siente frente a la estantería tan desamparado como cuando compra en un bazaar de artesanía en el extranjero: sabes que te están timando pero, aún así, no te queda más remedio que comprar lo que quieres.
Por eso, tras haberlo pasado tan mal en estos días, me he prometido a mí mismo que, el año que viene, todas mis compras de regalos serán online; estoy convencido de que así ahorraré tiempo, dinero... y salud. Entre tanto, los compren dónde los compren, ¡que los Reyes os traigan muchos regalos!


No hay comentarios:
Publicar un comentario