Limón. Con esa breve palabra presentaba Volkwagen a su Beetle en el mercado americano en 1960. Limón, o lemon, es una forma coloquial de referirse a los coches malos en EEUU, algo así como llamarlos cacharros o chatarras. Y con esa palabra, solo 10 años después de la segunda guerra mundial, desembarcaba la marca de coches de Hitler en suelo norteamericano. ¿estaban locos? Quizá un poco sí, pero no del todo.
La campaña de publicidad fue diseñada por la agencia Doyle Dane Bernbach (DDB) y fue muy polémica por su atrevimiento, algo que recoge fantásticamente bien la serie Mad Men (1x3, Marriage of Figaro). Aunque a primera vista parecía que el único objetivo del anuncio era precisamente descalificar al coche que anunciaba, el intrigado lector podría leer en la parte inferior del anuncio la explicación: Volkwagen decía ser extremadamente cuidadoso con la calidad de este vehículos y descartaba aproximadamente 1 de cada 50 vehículos producidos por defectos tan pequeños como un simple arañazo en la puerta. En resumen, “nosotros apartamos los limones, usted recibe las ciruelas”. Como podréis imaginar, igual que a los coches malos se les llamaba limones, a los buenos se les llamaba ciruelas.
No obstante, y aunque lo parezca, no voy a hablaros de publicidad sino de un fenómeno económico conocido como "selección adversa". George Akerlof, economista estadounidense que ganó un premio nobel en 2001, utilizó precisamente a los “limones” y a las “ciruelas” para explicar este fenómeno. Básicamente, se produce un problema de selección adversa cuando dos personas no cuentan con la misma información a la hora de realizar un intercambio; se produce lo que se llama una asimetría de información que genera ineficiencias y provoca resultados negativos para estos intercambios.
Tratando de resumir la teoría de Akerlof, la idea es que un comprador de coches usados desconoce el estado real del vehículo y por tanto su calidad; mientras, su vendedor, sí que es consciente de ella. Por tanto, los dueños de los limones tratarán de elevar el precio de sus coches haciéndolos pasar por ciruelas, provocando que ambos tipos sean imposibles de diferenciar para el comprador. Como consecuencia, este, no estará dispuesto a pagar un precio de “ciruela” por un coche que podría ser un “limón” y por tanto ofrecerá un precio máximo en función de cuantos limones y ciruelas estime que hay en el mercado. De esta manera, los dueños de coches ciruelas no querrán aceptar las ofertas y, por tanto, no pondrán sus coches en venta. Esto generará una vez más que los compradores rebajen sus ofertas hasta el precio de los limones y, por tanto, impedirá que un comprador pueda encontrar una ciruela en el mercado de segunda mano.
Niños, seguramente a estas alturas os preguntareis que tiene que ver esto con mi camino para conocer a vuestra madre. La respuesta es sencilla: cada vez que conozco a una chica no soy capaz de determinar si estoy ante un limón o una ciruela. De la misma forma que ellas tampoco saben que yo soy una de las mejores ciruelas que podrían encontrar; por tanto, y por desgracia, se hace muy difícil la labor de conocer a alguien que merezca la pena. Normalmente, quien atrapa una ciruela no la vuelve a soltar, y por eso no me queda otra que usar el método de prueba y error para encontrar a la ciruela que será vuestra madre. Mientras, no me queda otra que seguir exprimiendo limones... que no siempre está tan mal :b


Este es el mas ameno,sin lugar a dudas,y de ahi que sea el que mas suele gustar. El simil esta bien :-). A ver si encuentro yo mi ciruela de una vez!!
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