Niños: espero que, como a mí, os encante jugar al basket. De hecho espero que seáis bastante mejores que yo haciéndolo. Pero, por favor, no juguéis nunca con zapatillas que no sujeten el tobillo. Os lo comento ahora, que tengo el pie en alto con una bolsa de judías verdes congeladas encima del tobillo, por si en otro momento se me pasa.
A ver, me explico: por un lado, el hecho de que tenga una bolsa de judías verdes a mano es lo que seguramente más habrá llamado la atención a mis lectores más cercanos: lo cierto es que venía con el piso en el que estoy viviendo provisionalmente en Dublín, y, al menos, ha servido para algo. Porque lo que es comérmelas… ¡ni loco!
Y ahora el hecho de que esté con el pie en alto y la bolsa de judías encima: hoy he vuelto a jugar al basket desde hacía bastante tiempo. Y, como dice mi madre: "no hagas deporte que es malo". Pues eso, a la primera de cambio esguince de tobillo. Lo cierto es que no ha sido grave, y es más consecuencia de no haber calentado y jugar con las zapatillas de correr que otra cosa, pero al fin y al cabo es un incordio.
Dicho esto, y tratando de verle el lado positivo al asunto, la verdad es que no hay mal que por bien no venga: al menos esto me ha servido para pegar un frenazo en seco al ritmo vertiginoso que llevo desde que llegué aquí y encontrar el rato de escribíos. Enseguida me di cuenta de que el tren de mi nueva empresa va a una velocidad desorbitada, y lo mejor es que no parece que vaya a dejar de acelerar. En este tiempo he conocido a un montón de "pasajeros": algunos que, como yo, se acaban de subir al tren en marcha y están intentando agarrarse para no quedarse atrás. Otros, ya más asentados, se aprovechan del impulso del tren para tratar de avanzar entre vagones y mientras disfrutan al máximo del viaje.
Resumiendo: que no he parado quieto hasta ahora, y porque no me queda más remedio. En las apenas 2 semanas que llevo por aquí me ha dado tiempo a encontrar casa, a salir de fiesta, a conocer a no menos de 50 personas, a hacer turismo y senderismo, deporte, a volver a salir de fiesta y hasta a hacerme un esguince en el tobillo. Y la sensación, excepto por lo del tobillo, no ha podido ser mejor: estoy encantado con lo que estoy viendo, especialmente con la gente con la que he me ido encontrando en el camino.
Vivir aquí implica que, de pronto, estoy rodeado de cientos de personas afines a mí: gente joven que disfruta del ambiente internacional y a la que le apasiona viajar, que están lejos de su casa y su familia; y que, tal vez como consecuencia de esto último, están plenamente abiertos a conocer y disfrutar de gente nueva.
Así que por ahora no puedo quejarme, simplemente tengo que seguir agarrándome fuerte a todos esos pasajeros que me rodean para seguir el ritmo de este tren bala y disfrutar del camino que me espera por delante.
¡¡Hasta pronto!!
P.D: Mamá, como sé que me lees… sí a todo lo que vas a decirme. No sufras que lo del tobillo no es nada :-)
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