martes, 27 de marzo de 2012

Llegó el momento: mañana a Dublín

Niños, por fin ha llegado el momento: mañana me voy a Dublín. Sabéis que durante el último mes mi vida ha sido una locura: el día de mi 27 cumpleaños Google me hizo una oferta para trabajar con ellos; es la decimoséptima empresa más grande del mundo por valor de mercado y, sin duda, uno de los referentes e impulsores de la revolución tecnológica que hemos vivido en los últimos años.

Desde entonces he vivido unos días realmente intensos y emotivos: no os imagináis el nudo en el estómago que tuve hasta que por fin conté en Diageo que me marchaba. Aunque para mis jefes y compañeros fue una sorpresa muy grande, lo cierto es que todo el mundo me apoyó y me dio la enhorabuena: estoy realmente agradecido a Diageo y a su gente por lo mucho que he aprendido y disfrutado en los más de 3 años que he pasado trabajando allí.

Después vino mi fiesta de cumpleaños/despedida, que ya os conté detenidamente, y alguna que otra comida de celebración. El día 8 de Marzo dejé todas mis cosas en la oficina de Diageo y, el 9 por la mañana, estaba en el aeropuerto de Bajaras rumbo a mis vacaciones en el Caribe. También os he hablado mucho sobre ellas, así que no me entretendré más en ellas.

Desde que volví a Madrid el día 20 de Marzo todo ha sido una locura: he tratado de ver y hablar con todos mis amigos, pero ha resultado imposible y seguro que he quedado mal con alguno de ellos: ¡lo siento!

Además, se han acabado unos meses de convivencia en Madrid con "O Rei" Eduardo. No os he hablado mucho de él, pero he de contaros que me alegro mucho de haberle llegado a conocer durante los 6 meses que hemos convivido; no solo no tengo ninguna queja sobre él, sino que estoy profundamente agradecido por todo su ánimo y apoyo durante unos meses que, aunque he disfrutado, no han sido especialmente fáciles.

Creo que voy a echar mucho de menos los sábados comiendo pizza y viendo el fútbol antes de empezar a beber y salir de fiesta con los “hermanos” Muri, Juan, Jesús y el propio Eduardo (Negrita ellos, algo decente yo, eso sí). Muchas gracias chicos por esa última gran noche que me organizasteis el pasado sábado junto con Álvaro, el otro Eduardo y Manolo: hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien, y eso incluso soportando que un cowboy me besuqueara...

Y aquí estoy, con las maletas a medio preparar y a menos de 24 horas de iniciar una nueva etapa: no estoy asustado, si algo nervioso, pero sobre todo estoy feliz por todo el cariño que he recibido estos días de la gente a la que quiero y de la que he aprendido todo lo que se.

El hecho de irme va a cambiar mi vida: seguramente también cambie la vuestra. No negaré que he tenido dudas: pude haber seguido con mi vida tal y como era, que ya era muy buena; pude incluso quedarme en Madrid trabajando para Apple y cobrando más dinero y viviendo más tranquilo; pero en el fondo creo que me encantan los retos y siempre he creído en buscar un premio mayor a largo plazo en lugar de dejarme guiar por el beneficio inmediato. Y, más allá de las explicaciones racionales, hay algo que los ingleses llaman “gut feeling” (algo así como instinto visceral), que me decía que tenía que irme.

Quiero seguir aprendiendo: mejorar mi inglés un poco más, vivir en otro lugar, conocer a gente nueva y, sobre todo, formar parte de la vanguardia tecnológica y absorber de ella todo lo que pueda.  Tal vez conozca a vuestra madre allí, o tal vez no. Lo que sé es que si hago un repaso a mi vida hasta el día de hoy, creo que difícilmente se me ocurre como puedo mejorarla; y eso me hace tremendamente feliz. ¡A ver qué tal se me da a partir de ahora!




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