Hola niños,
Cuando leáis esto, ya habréis leído las entradas del blog
“cómo conocí a vuestra madre”. Por eso, no hace falta explicaros de qué va
esto.
Por resumirlo mucho, hace tiempo que decidí empezar a
escribiros cómo una forma de conservar mis pensamientos, mis sentimientos y
algunas de las cosas que me ocurren en mi día a día antes incluso de saber si
existiréis. El problema es que lo hice en público para no sólo comunicarme con
vosotros sino divertirme también escribiendo para quien quisiera leerme.
La cuestión es que he llegado a un punto donde creo que
ambas cosas no son compatibles: por un lado quiero compartir con vosotros mis
pensamientos y mis sentimientos más íntimos; en definitiva cosas que no le
contaría a todo el mundo; y, por otro, quiero seguir escribiendo para los
demás, pues disfruto mucho haciéndolo.
Así que, a partir de hoy, os voy a escribir por duplicado.
Por un lado, voy a crear para vosotros una cuenta de email (Gmail, por
supuesto) cuyo primer email recibido será esta entrada. Y, partir de ahora,
trataré de contaros con todo detalle todos esos sentimientos y pensamientos que
llevo dentro hasta que llegue el día (espero) en que os invite a leerlos. Pero,
a la vez, seguiré escribiendo a través de este blog sobre temas menos íntimos
de forma que pueda seguirlo disfrutando sin comprometer ni mi privacidad ni la
de nadie más.
Así que, después de la nota informativa, vamos a tratar un
tema peliagudo que tiene relación con todas esas personas que leen mi blog:
¿cuántos amigos puede uno tener? Si le hago caso a Facebook, tengo más de 200.
Pero claro, parece que Facebook le aplica a todo la misma sobre valoración: a
mi número de amigos, a su valor en bolsa…
La verdad es que lo pregunto en serio. Ahora mismo estoy en
un vuelo de Madrid a Dublín y, otra vez, no he podido ver a un montón de
personas con las que me hubiese gustado compartir algo de tiempo. Hace poco os
hablaba de que priorizar no significa otra cosa que renunciar, y a veces toca
renunciar a personas aunque se haga a disgusto.
Por eso, para calmar la rabia que eso me genera, he tratado
de darle un enfoque un poco analítico al tema. Veamos… ¿cuánto tiempo hay que
pasar con una persona para considerarla un amigo? ¿1 hora a la semana? ¿1 hora
al mes? ¿2 horas cada tres meses?
La verdad es que no lo sé, pero me he puesto a contar y me
salen unas 25 personas que viven
alrededor de Madrid a las que de verdad me apetece ver de forma regular y con
las que quiero mantener contacto habitual. Eso, sin contar a la familia, que
precisamente por el hecho de ser familia a veces se da por hecho que siempre
estarán ahí y no se les cuida lo que se debería.
Total, que no hace falta hacer muchos cálculos para saber
que resulta inviable mantener una relación de amistad adecuada con tantas
personas.
Esto no me resuelve mi duda sobre cuantos amigos puede uno
tener, pero de alguna forma espero que me sirva de justificación a mí mismo
para no sentirme mal por no ver a todas esas personas cada vez que paso por
Madrid.
Esto de tener que priorizar sigue sin gustarme nada.


No hay comentarios:
Publicar un comentario