Niños, si os hablo del famoso anuncio de Malibú en el que un grupo de caribeños se burlaban de comportamientos típicos del ajetreado mundo occidental, seguramente no tendréis ni idea de lo que os estoy contando. Tampoco es que importe mucho. El caso es que hace unos años, cuando el licor de coco Malibú aún era propiedad de Diageo, la marca realizó una de sus más exitosas campañas de publicidad y estoy seguro de que la gran mayoría de mi generación se acuerda de esos anuncios.
Tras dos días visitando las islas caribeñas de St. Marteen y St. Thomas , creo que el espíritu que evocaba el anuncio es cierto. En el momento que te escapas del turismo masivo, cosa que he estado intentando hacer estos días, te das cuenta de que el tiempo parece ir más despacio: hay que ver la de cosas que te da tiempo a hacer en el mismo tiempo en el que estarías trabajando un día cualquiera.
Estos dos días me lo he pasado pipa. En St. Marteen, me dedique a recorrer la parte holandesa y la parte francesa en un quad. Nunca había conducido un cacharro de esos… pero prometo que no será la última vez. Una rubia de Minnesota se picó conmigo; pobrecilla, no sabía que competía con un tío de Fuenla; acabó estampándose de frente contra un árbol haciendo la situación bastante cómica. Lo cierto es que no tuve nada que ver en el accidente y la chica está perfectamente y sonriendo. Eso sí, habría que preguntarle al pobre árbol que opina…
Además de conducir como un loco he hecho cosas tan estresantes como bañarme en playas azul turquesa rodeadas de bosque; tomarme un batido de naranja y mango entre palmeras o pasear por las calles abarrotadas de joyerías en Phillipsbourg o Charlotte Amelie. Por cierto, he aquí mi reflexión gratis de hoy: los turistas se vuelven locos comprando en estas islas: ropa de marca, relojes caros, diamantes… y yo me pregunto ¿por qué? Veamos: nada de lo que compran se produce localmente, todo viene del continente… luego el coste logístico de traerlo es mayor. Además, estas tiendas están muy diversificadas y su fuerza de compra frente a proveedores será siempre menor que el de una gran cadena… y, para más inri, la venta es en sistema “si te he visto no me acuerdo”, ya que saben que la mayoría de compradores no estará en esta isla el día siguiente y probablemente en su vida. Si juntas todo eso… ¿qué le hace a la gente pensar que compran mejor aquí que buscando el mejor precio en la zona donde vivan? Como dice el hit del momento aquí en el Caribe: Johnny, la gente está muy loca (sí, hasta aquí ha llegado la cancioncita).
El punto es que este viaje está cumpliendo su objetivo con creces: el estrés se me está escapando por los poros. Supongo que a todo lo anterior también ayuda la mejor parte de esto de viajar solo: la irresponsabilidad. Desde pequeñito he sido extremadamente responsable, quizá demasiado la mayoría de las veces, y esta es la primera vez en mi vida en la que siento que no tengo que preocuparme de nadie más allá de mi mismo. Y la verdad es que uno se siente más ligero.
No digo que viajar solo sea mejor, aunque lo estoy disfrutando creo que prefiero tener alguien cerca con quien comentar la jugada, pero sí que tiene su puntito. Por cierto, y antes de despedirme por hoy, voy a prometeros una cosa niños: en algún momento tenemos que hacer un crucero de Disney. Llamadme infantil, pero veo el barco con la silueta de Micky pintada en las chimeneas y me dan ganas de equivocarme de barco :-)


No hay comentarios:
Publicar un comentario